Reflexiones de Manuel Tato. «En la pandemia emergió una nueva casta, los todólogos»

Escribir me lleva a otra dimensión, la de verdad, la única que no entiende de manipulaciones porque plasmo lo que siento en ese momento. Me dejo llevar por nostalgias de tiempos vividos, no tan lejanos, como cuando meses antes de la pandemia me invadió la tristeza de haber perdido a un ser querido, irremplazable. Son los golpes de la vida, duros, pero que hay que saber afrontarlos, encajarlos y mirar hacia adelante.
Y llego la pandemia, reclusión obligada. Durante meses emergieron en redes sociales los todólogos que sabían todo, licenciados de tabernas, ingenieros de «bacinilla» a modo de casco en la cabeza y planos en ristre, entrenadores de baratillo. Y el misterio se hizo todólogo y arreglaban el país, pero se les olvidó una cosa, entre el de la izquierda, derecha, centro y pa‘dentro, acababan con la clase obrera, la media también desaparecía mientras los alquileres subían, la cesta de la compra por las nubes, la luz que hizo brillar las facturas, el agua ya no mojaba igual. Las subidas e impuestos nos enjaularon, tal cual como una alimaña, levantaban la trampilla y nos metían la comida por debajo y no te muevas, todos al suelo, como dijo Tejero.
Nóminas pírricas, las grandes superficies apoyadas por el miedo mediático a inflar los precios, los corbatines a chupar del bote y algún medio de comunicación, los subvencionados con dinero público, detraído a la sanidad, educación, etc. a contarnos lo que quieren que oigamos o escuchemos.
Esto es mi querida España, esa España mía, esa España nuestra, como cantaba Cecilia, en donde cenar o comer un día fuera de casa para romper el ritmo ciclodiano, para muchos ya es un lujo, a no ser que pidas un crédito, cosa que te esperarán con brazos abiertos para inflarte a comisiones o mantenimientos de cuenta cuando eres tú el que los mantienes.
Todo el mundo sabe de política, nadie o pocos se dieron cuenta de que entre los de siempre y cada cuatro años y tras cuarenta y tantos han acabado con la economía. Entre los de los Pes así como se les conoce por las siglas de sus partidos, ni un Popó podemos mantener, ya que es cosa de ricos mientras nos tratan de borricos. El caso es vivir del circo que unos cuantos aplauden debajo de la carpa política, dicho esto, eran más simpático Gabi, FofóMiliki y Milikito, con ellos nos reíamos, no tenían maldad
Los políticos prometen en época electoral, una vez logrado el objetivo, tocan moqueta de poder y se olvidar de lo prometido, mientras al ciudadano le suben un dos por ciento su nómina anual, los «servidores del pueblo» la incrementan en un 70%. Lo único que les importa a los políticos corruptos es el regalo envuelto en celofán inmobiliario, las «mordidas» desde que vino la democracia son el pan nuestro de cada día, prueba irrefutable son la cantidad de operaciones donde los golfos, casualmente no son médicos, sino políticos que llenan la faldriquera, haciendo bingo para luego adornar los logros como si fuese un hábito social de gran transformación para la ciudadanía. Menos mal que hay mas politicos honestos que «trincones», de no ser asi, habria que mandar parar el autobús del viaje de la vida para bajarse.

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