Digitalizar tesoros en forma de recuerdos

Los formatos a los que el tiempo y la evolución tecnológica han dejado atrás no deben ser un impedimento para que podamos seguir disfrutando de los vídeos y audios que marcaron nuestra infancia, la de nuestros padres y abuelos

Los momentos más importantes de nuestras vidas van generalmente unidos a una imagen, un instante fugaz único e irrepetible sobre el que quisiéramos volver una y otra vez. Algunos de ellos los tenemos capturados en nuestra mente, pero también en nuestra galería particular de fotos, en la biblioteca de nuestro móvil, o subidos en alguna red social. Pero… ¿qué sucede con aquellos mágicos momentos pre-smartphones y anteriores a la civilzación 2.0?

Las últimas generaciones que cursaron la EGB (Educación General Básica) pueden presumir de haber sido protagonistas del cambio de hábitos y de usos: de llenar los álbumes de fotos, horas y horas de cintas de vídeo, grabar canciones de la radio o simplemente nuestros programas favoritos a hacerlo todo a golpe de click. Sin embargo, cuando uno vuelve sobre los muebles, los archivos o todo lo que en su día considerábamos un tesoro o la Capilla Sixtina de nuestra educación cultural erróneamente tiende a verse como un inservible e incómodo vestigio del pasado. Nada más lejos de la realidad.

Digitalizar vídeo y audio en España no solamente es posible, sino que a través de profesionales podemos hacer felices a miles de personas digitalizando sus recuerdos de audio y vídeo gracias a profesionales del cine y la televisión. Es como si al Kevin Arnold, de la serie Aquellos maravillosos años, y todas aquellas cintas de vídeo familiares a las que el tiempo ha ido desgastando pudiera almacenarlas ahora en un pen drive y mantener la calidad 4K o Full HD que le ofrece su televisor. Y es que las películas súper8 son otro de los productos estrella en ese proceso.

Es como si aquellas cintas de casette de grandes éxitos que enseñábamos orgullosos a nuestros amigos (mayormente grabadas de forma directa desde radio fórmulas) las salvásemos y las hiciésemos eternas. Pues el condicional se convierte en realidad gracias a una técnica cada vez más depurada y habitual.

Pocas sensaciones hay más reconfortantes que esas cajas misteriosas o los álbumes de fotos que con tanto mimo construyeron nuestros padres y abuelos. Sin embargo, el paso del tiempo y los materiales no siempre óptimos suponen una amenaza a su conservación a la que poner fin con la digitalización.

Coleccionables de películas por fascículos en VHS, partidos de fútbol históricos o nuestra propia primera comunión son algunos de los formatos que se quedaron anclados en el pasado, pero cuyo contenido necesitamos llevar siempre con nosotros. La solución pasa por la digitalización.

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