El melón de Rufián. Por Carlos Marcos Blanco

Empresario y Pedagogo

Muchas veces los políticos retuercen la realidad hasta tal punto que la “gente del común” es incapaz de comprender lo que quieren decir. La percepción de las cosas que ocurren suele ser compartida por la ciudadanía que además se las explica a sí misma de una forma sencilla, comprensible y de ahí saca sus conclusiones y conforma un estado de opinión. Hace un par de días el abrupto diputado Rufián trató de explicarle al presidente Sánchez el norme cabreo de los ciudadanos por el precio de las cosas utilizando para ello un lenguaje coloquial al alcance de cualquiera pero, da la impresión, de que Sánchez no quiso entenderlo. Es posible que viva tan lejos de la realidad que le resulte incomprensible que la ciudadanía esté sufriendo hasta lo insoportable y ese divorcio entre la realidad del presidente y la de la “gente del común” le lleva a tropezarse una y otra vez con la misma piedra. Con la inflación por las nubes, los combustibles disparados, la luz como artículo de lujo no hay gobierno que aguante. Rufián parece que sí se enteró y sabe que el gobierno, pero también los partidos que le dan apoyo y lo sostienen, pagarán una cara factura electoral porque esto no va de ideologías si no de supervivencia.

Las economías familiares no dan más de sí, los ahorros están consumidos y el final de mes es un viacrucis para el 90% de las familias españolas. Todas las explicaciones del gobierno sobre las múltiples desgracias que padecemos se justificaban con Franco primero, después con la pandemia, más tarde con el volcán y ahora con la guerra y mientras todo eso sucedía, las neveras de las casas estaban bajo mínimos, los coches aparcados, la ropa con tres temporadas y las calefacciones o el aire acondicionado apagados. Lo que la izquierda llamaba “pobreza energética” cuando gobernaba la derecha ahora lo llaman transición ecológica pero la realidad es que el grado de afectación en los hogares ha crecido exponencialmente y la clase media ha pasado a mejor vida y no precisamente porque está disfrutando: está sufriendo y ya no aguanta más.

Lo ocurrido en Andalucía no es un accidente, más allá de los aciertos de Juanma Moreno, la comunidad insignia de la izquierda ha dicho basta y creo que refleja a la perfección el sentir de muchos españoles que orillando sus ideologías buscan alternativas al gobierno de socialistas y comunistas que nos está empobreciendo a todos. Ahí tiene su segunda gran oportunidad el Partido Popular, la primera fue cuando España se hartó de Zapatero y le dio a Rajoy una mayoría de 186 diputados que no supo mantener entre la herencia tremenda que recibió y algunas decisiones fiscales tomadas y otras que se esperaban y que nunca tomó. Veo más hartazgo con Sánchez que con Zapatero, que ya es decir, y veo a un PP renovado y oxigenado con fuerza para llegar a la Moncloa, siempre y cuando entienda que tiene una meta volante fundamental: las municipales y autonómicas. Debe pues el PP acertar con sus candidatos, con sus programas para cada lugar, con sus compromisos realistas pero ilusionantes porque un éxito en esas elecciones es la alfombra roja para llegar al palacio presidencial. España necesita una esperanza y los españoles más. Eso sí, a la hora de votar, tengan presente el melón de Rufián.

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