Tanta paz lleve como la que deja. Por Carlos Castro

Ayer se ha salvado el Deportivo femenino del descenso a Tercera y hoy, 01/06/2022, han anticipado las vacaciones al entrenador. No seguirá. Pese a lo fulminante de la decisión, sería un disparate no decirle adiós, como fue no despedirlo antes. Todo ha sido un despropósito. Cierto que el fin no justifica los medios, pero el Deportivo carece de estilo para manejar estas situaciones. Por decir, diría que hasta parece carecer de humanidad, como lo sucedido en el propio Riazor, tras el partido, con Charity Adule. Adule tuvo muy mala suerte viniendo a A Coruña, como la tuvo el Deportivo fichando a Llorente.

Llorente, el “regalo” de Pereiro

Las cosas, en todo caso, no son por casualidad. Si no sabes, no puedes hacerlo bien. Mal fueron las formas en las que echaron a Pereiro y Sánchez (prueba es que el primero les ganó en la disputa judicial), y mal en la hora escogida. La deficiente estructura del femenino se quedó en nada. Los echaron sin segundo operativo en el club, sin tener agenda y sin plan alternativo. El último servicio de Pereiro al club, ya con los dos pies fuera, fue la recomendación envenenada de Llorente, como si fuese una venganza fría contra Couceiro y Villasuso. Venía del Barcelona, del B, y les valió el envoltorio. ¿Preguntaron al Barça por Llorente? A lo mejor puede decirlo Albert Gil. ¿Tenía Gil algún informe sobre Llorente? El Deportivo femenino siempre fue la antítesis del “método Monchi”.

La “foliada” sobre el césped

Oreiro Hermida pitó el final del partido contra el R.U. Tenerife. El Deportivo había logrado la permanencia. Mientras las jugadoras reconocían el apoyo del público con un aplauso, comenzó lo anormal. A Rocío Candal le faltó tiempo para bajar del palco al césped y abrazar hasta a las briznas de hierba. No había nada que celebrar y no tenía que estar ahí. Desde que llegó, pasó todo lo malo. Fue testigo del testimonio de Anita González -¿por qué diablos la metería Villasuso, junto a Rosende, en medio del fregado?-, lo fue del descontento de Adule, pues a su correo, en el despachito de la Plaza de Pontevedra, también fuera remitida la queja, y vivió con cargo, desde el palco, la debacle deportiva del club que, en lugar de luchar por el ascenso, como estaba entre las cejas de Llorente, acabó sufriendo para no bajar a Tercera. ¿Contará Villasuso al deportivismo cuál es la función de Rocío Candal? ¿Es ojeadora, o hubo que esperar al juicio de Pereiro para evitar una posible bicefalia indeseada en la dirección deportiva?

Adule estaba en el estadio, pero solo en la grada

Lo de Candal sobre el césped puede ser un dislate. El no saber estar de una novata con mentalidad adolescente. No fue lo peor. Ayer, Charity Adule, jugadora de la plantilla, no pudo tomar un vuelo a Nigeria por un asunto personal importante. Al menos, por esa razón, no fue convocada, pero estaba en el estadio. No vimos a Adule compartiendo la “foliada” sobre el césped con Rocío Candal, Llorente y el resto de la plantilla. No la vimos porque no lo pisó. Pregunta ingenua: ¿Hubo alguna orden para que un trabajador del club impidiese a Adule entrar en el vestuario, o acceder al césped? Adule intentó estar con sus compañeras, pero no pudo hacerlo.

“¡Vamos, Kevin! ¡Tráenos suerte, hostia!”

Antes de continuar la cronología con el Llorente post-R.U. Tenerife, me gustaría hacer un paréntesis por lo sucedido tres días antes. Cada vez que habla Llorente, sube el pan. Yo creo que lo mismo que Villasuso fichó a Llorente sin saber quién era, Llorente vino a A Coruña desconociendo el pasado del club, lo que representa en Galicia, y el reconocimiento histórico que mantiene allende nuestras fronteras. El final del partido contra el At. Madrid B fue algo más que patético. Hay frases que iluminan el paso de las personas por las instituciones. Hasta el sábado (28/05/2022), aunque fuese por la rima, la más fuerte era la de la pintada del túnel de Abegondo tras el “caso Anita González”: “Llorente, miente”. Tras el partido contra las colchoneras, nos mostró su falta de conocimiento sobre la normativa de desempates a puntos en la competición en la que estaba participando. Aún, sobre el campo 3 de Abegondo, preguntó: “¿Está claro ya?” Luego, se dirigió al técnico del equipo B diciendo: “¡Vamos, Kevin! ¡Traenos suerte, hostia!”, implorando a Kevin Cabado para que les explicase si estaban salvadas o no. Miguel Llorente, el hombre que exigía a colaboradores y colaboradoras la máxima profesionalidad, quedó de nuevo en evidencia.

Llorente y el “caso Adule” desbordan el vaso en el que se puede ahogar el distante Villasuso

El corolario estuvo en su penúltima rueda de prensa como técnico deportivista (la última parece que será para despedirse). Pese a asumir que “hemos hecho las cosas mal, y yo el primero”, señaló que le gustaría seguir. ¿Dónde están los límites de Llorente? ¿Acaso pensó que Villasuso era tan estúpido? Villasuso sabe que se equivocó al no destituirlo antes. Intuyo que no lo hizo porque no sabía cómo resolver la sustitución y Candal está demasiado verde para tener peso en esa decisión. La prueba es el premio vacacional al entrenador madrileño, sesgado e interesado, doce horas después del partido de la permanencia. Le regalan junio y así, con tiempo por delante, buscarán al nuevo, o nueva, inquilina. Villasuso y Llorente son dos supervivientes y el salvavidas de Llorente era frágil. Se quedó sin segundo rescate en medio del mar. Villasuso lo tenía amortizado, pero solo tras el partido. Llorente no midió la toxicidad que se fue generando mientras era el foco de las denuncias por su comportamiento, como se dijo en aquel comunicado del club. Llorente, no sé si por incompetencia, por inconsciencia, por egolatría, o a saber por qué, quiso negar la realidad deportiva del equipo y la suya, la contractual, caminando hacia adelante. Era increíble escuchar lo que decía. Con el equipo en picado, a nada de luchar por la permanencia, seguía porfiando con que tenía “el ascenso entre ceja y ceja”. Pudo ser que se empoderase con la infame rueda de prensa que le permitió dar el club cuando lo rehabilitaron. Tampoco midió que estaba solo. La resolución del club, tras la investigación de la abogada de Abanca y la contratada por el Deportivo para la investigación de lo sucedido con Anita González, no calmó las cosas. Hubo jugadoras que se sintieron defraudadas con el resultado de la auditoría moral realizada desde dentro de la institución. Otras lloraron. La denuncia de Adule, tenga razón o no, fue la gota que desbordó el vaso. Ya eran demasiados problemas para un director ejecutivo, que quiere añadir a sus camisas blancas el brillo del ascenso del primer equipo masculino. Para no ensuciarlas, tenía que eliminar cualquier otra incomodidad. Puede ser la última carta del superviviente Villasuso para demostrar a Escotet que acertó con él, que no es un vulgar liquidador. Llorente dio demasiados problemas al distante Villasuso: dos motines de jugadoras, dos denuncias internas por asuntos presuntamente graves, que podrían tener la categoría de delitos en el código penal, y otra más por el canal ético, que fue lo que le obligó a iniciar aquella partida indeseada, moviendo un peón y, a continuación, pedir tablas. Además, se añadió la mala campaña del equipo. Demasiado para un director ejecutivo, que confesó por escrito su “lejanía en el día a día” del equipo femenino. Cada persona tiene su formación. Un pescador está formado para pescar, un bombero para apagar fuegos, un liquidador para liquidar. Los que dan problemas no tienen cabida en el sistema; las que no manchan, aunque tampoco limpien, van viviendo un presente, una oportunidad antes de la siguiente, pero con los días también contados, salvo que aprendan a tiburonear.

Pese a la marcha, ¿habrá epílogo?

Llorente presume de gustarle gestionar grupos. Deberá seguir aprendiendo a hacerlo. En A Coruña suspendió. Tiene otra asignatura pendiente, la de pensar que la realidad es muy diferente a como él la contempla. En la rueda de prensa post-R.U. Tenerife dio la enésima muestra de ello: “Espero sentarme con el club. Se están haciendo las cosas bien. Hablo todos los días con ellos.” Se volvió a “equivocar” en casi todo. Ni están haciendo las cosas bien, ni hablaba todos los días con ellos, pues en uno de la semana estaba desconectado, y ayer tampoco le contaron que lo iban a borrar de la nómina. Lo único cierto es que se sentará con ellos, si no lo ha hecho ya, para firmar el finiquito. En todo caso, en el Deportivo saben, o intuyen, que a lo mejor habrá un desagradable epílogo. La mejor de las suertes en el futuro y que tanta paz lleve como la que deja.

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