Foro de Ermua: Nacionalismo = ETA. ”A por ellos”. Por Iñaki Anasagasti

Esa fue la consigna y la matriz de opinión que Jaime Mayor Oreja, con sus medios afines, trataron de consagrar. No había distinción entre el terror de ETA y un Partido contrario a cualquier tipo de violencia. El culpable era el nacionalismo vasco que había sembrado la semilla del diablo. Lo comenzamos a ver a los dos días del asesinato. Lo vivimos en la manifestación de Madrid tras el asesinato, hace 25 años, de Miguel Ángel Blanco.

Cuando Victoria Prego gritó en la Puerta del Sol el “A por ellos con la palabra y la justicia” sabía bien que todos los medios hablarían solo del “A por ellos”, como así fue. Y en ese “A por ellos”, estábamos nosotros.

Mi agenda de aquel lunes de hace 25 años me dice lo siguiente:

Lunes, 14 de julio de 1997

Llego por la mañana a Sabin Etxea. En el despacho de Arzalluz analizamos la situación. Le digo que voy a Madrid. Y salgo en coche. Como en la habitación del hotel y a las cuatro y media estoy en la sala Mariana Pineda del Congreso de los Diputados. Como novedad, la presencia de Esquerra Republicana y de Pilar Rahola. Ciscar y Belloch por el PSOE. Joaquim Molins, Josep Sánchez Libre y Josep López de Lerma por CiU. Mucha gente y la misma sensación de siempre. Lo vasco puesto encima de la mesa y once cirujanos operando, la mayoría, algunos sin ningún conocimiento de causa, aunque sí una constatación: el reguero emocional había sido el mismo en Canarias, que en Ciudad Real y todo aquel que se preciara había estado en-algún acto de condena o en el funeral. Hubo un cierto complejo; un cierto exhibicionismo, un cierto dolor y un cierto arrastre de los acontecimientos. Gente impensable se había desplazado a Ermua, porque lo políticamente correcto era eso. Era asimismo explicable. matar a un ser humano en diferido, con 29 años, de rodillas y con dos tiros en la nuca añadía a la aberración del acto, la crueldad del mismo.

Congreso de los Diputados. Reunión a puerta cerrada. Clima de colaboración. El ministro quiere la foto de unidad.

Dice que no se puede defraudar a la ciudadanía, como se ha hecho en otras ocasiones, que no se puede mantener un discurso de unidad y que a la semana desaparezca y que el esfuerzo hay que hacerlo en una estrategia de ruptura con HB hasta que no rompa con ETA. “Mientras se mate no hay nada que hacer», dice. Apunta un calendario de trabajo que ya estaba muy avanzado por Atutxa en reuniones con la ministra de Justicia, el vicepresidente, el presidente de la Audiencia, el fiscal, el ministro del Interior, el consejero Jáuregui, con el análisis de modificaciones legislativas relacionadas con los juicios rápidos en la Audiencia Nacional, las contramanifestaciones violentas, el artículo 577 del Código Penal en relación con el delito de estragos y una reflexión sobre el de amenazas. Ni cumplimiento íntegro de las penas, ni pena de muerte, ni nada parecido. No sonaba mal.

Cuando me tocó intervenir, hice una serie de consideraciones sobre lo dicho, las medidas tomadas y los hechos vividos para acabar pidiéndole al ministro que interviniese acerca de los medios de comunicación para que tuvieran cuidado, sin coartar la libertad de expresión, en ese intento de linchamiento al nacionalismo que se estaba apuntando, que se enfriara la situación e hiciera una apelación a la serenidad colectiva.

En una cena, una semana después, en su despacho de la Castellana, con txakoli y la bandera donostiarra en la mesa, nos dijo que estaba de ronda de conversaciones con comentaristas políticos y responsables de prensa.

La reunión fue muy tranquila, habida cuenta de las circunstancias, y todos salimos en la foto ya que la imagen, como medio, era el mensaje.

La acumulación de hechos, el funeral, el Pacto de Madrid, las manifestaciones, hicieron que esa foto pasara desapercibida. Y, sin embargo, tuvo su importancia.

Salimos todos a la manifestación de Madrid desde Cibeles. Me dicen que tengo un lugar en la cabecera con la pancarta. Comentan que viene Ardanza. El peso de la organización cae en el PP y en los sindicatos, por cierto, deseando dos cabeceras. Una de fuerzas de ámbito estatal y otra segunda con los demás. Dicen que estaban molestos por la ubicación que habían tenido en Bilbao. Al final estamos en cabeza tres nacionalistas: Ardanza, Atutxa y yo. González de Txabarri, cerca. Finalmente se incorpora Lasagabaster, que por no ir al Pacto de Madrid y por ser del Grupo Mixto no estaba contemplada su presencia.

La organización es buena. Los sindicatos saben de qué va la cosa. No habían dicho dónde está la cabecera. Aznar tarda en llegar. Inopinadamente llega el presidente del Líbano cargado de guardaespaldas. Parecía una película de Berlanga. Saluda a Aznar y se va. Felipe González busca su ubicación. No saluda. Incorpora a la pancarta a Iturgaiz. Y comienza la marcha. Impresionaban los gritos: «Vascos sí, ETA no», dichos por gentes de todas las edades y a grito pelado. Aznar me dice que escuche el grito. Ni una provocación. Y llegamos a la Puerta del Sol. Nos subimos al estrado. Era la primera vez en la que el PNV participaba en una manifestación de este tipo en Madrid. Atutxa es jaleado constantemente. A plaza llena, Victoria Prego, que siempre nos había tratado con respeto, lee su alegato contra la violencia. El «a por ellos, con la palabra y la justicia» se presta a equívocos y se lo digo. Me dice estoy equivocado. El tiempo me da la razón. En los cinco interminables minutos de silencio, un espontáneo saca la trompeta y toca una balada de retreta. Otros jalean a Atutxa, algunos piden que hable Ardanza. Detrás de nosotros, jóvenes con velas y cirios encendidos. Todo de difícil catalogación. Bajo el estrado, autoridades, partidos, el ex presidente de Uruguay, banqueros …

Adolfo Suárez, al terminar le dice a Atutxa que si le deja lo hace alcalde de Ávila. Estaba muy emocionado. Y de allí salimos Ardanza, Atutxa, Txabarri y yo. El Lehendakari sale hacia Ajuria Enea. Nosotros, Txabarri y yo, nos quedamos en el restaurante Araceli de San Agustín de Guadalix a cenar con Juan María Atutxa. Lo que iba a ser un breve comentario, se prologa hasta las dos de la madrugada. Teníamos necesidad de hablar. Atutxa nos cuenta sus cuitas y nosotros las nuestras. Es mucha la tensión acumulada. Descargamos adrenalina y volvemos a Madrid. Atutxa a su casa.

Se puede decir que éste es el periplo, casi cinco días, de alta densidad e intensidad política. Pero a partir de ahí, se monta el Foro de Ermua como plataforma mediática para atacar al nacionalismo. Comenzó ahí.

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