Esto no es progreso. Por Carlos Marcos Blanco

En política se manejan las palabras de forma torticera y sin pudor ni respeto alguno. Antes esto sucedía, básicamente, en tiempos de campaña electoral y la verdad es que la ciudadanía ya estaba prevenida y el valor de la palabra y de los compromisos en esos tiempos era relativo. Los más cafeteros de cada partido compraban las soflamas y los slogans como dogma de fe, mientras los viejos del lugar esbozaban una sonrisa agnóstica porque adivinaban que aquellas frases hechas eran bombas de humo que solo pretendían engatusar al electorado quien, elección tras elección, veía frustradas sus ilusiones porque de lo prometido no quedaba nada de nada al día siguiente de las elecciones.

Ahora esto ha cambiado, vivimos en campaña electoral permanente y cada día nos regalan palabras tan bonitas como vacías y las desilusiones no se producen cada cuatro años sino cada día porque la promesa del día anterior se incumple a las 24 horas de haber sido anunciada. Una de esas palabras vacías, pero muy recurrente en boca del gobierno es “progreso”. Suena bien, pero nada más alejado de nuestra realidad, lo que hoy vivimos ni es progresista ni es progreso, que, aunque son palabras parecidas no tienen nada que ver. Un gobierno que se auto denomina progresista no puede ejercer el gobierno como lo está haciendo el señor Sánchez, pero bajo ese bello término, el gobierno se cubre con un manto que le permite tomar decisiones aparentemente pensadas por y para el pueblo pero, al final, es ese pueblo del que presumen los gobernantes el que está sufriendo lo indecible. Una vuelta de rosca al concepto les lleva ahora a hablar de “la defensa de las clases medias y trabajadoras” como el bien a proteger y es entonces cuando, ya sin duda alguna, podemos concluir, que nuestros gobernantes viven otra realidad que nada tiene que ver con la nuestra. Esas clases medias y trabajadoras son las que no pueden llenar su nevera, no pueden ir a la gasolinera, no pueden calentar sus casas ni mucho menos poner el aire acondicionado si es que lo tienen, que lo dudo. Son además las que pagan con su sudor el coste de la inflación y nutren las arcas del estado con el IVA creciente que castiga por igual al obrero de la construcción que a Patricia Botín. Por si fuera poco, estas clases que tanto dice defender el gobierno, parecen ser las culpables del cambio climático, de los incendios, de las inundaciones, de la guerra de Ucrania o de usar corbata para ir a trabajar.

Debemos de ser los culpables de todo porque somos nosotros los que estamos pagando la factura más alta de todas estas crisis y mientras el gobierno busca excusas para todo, pretendiendo sortear su propia responsabilidad, nosotros buscamos las últimas monedas en nuestros agujereados bolsillos para seguir pagando impuestos, tributos, tasas y peajes hasta nuestra pobreza total. Pues bien, llamarle a esto progreso es un insulto a nuestra inteligencia, esto se está convirtiendo en un infierno en donde casi nadie puede ser feliz y un pueblo abatido, triste e infeliz no puede tildar de “progresista” a ningún gobierno que lo mantenga en tal estado de ánimo. España necesita un cambio de 180 grados y es urgente.

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