Jesuitas vascos despiden a Mikel de Viana, ”gran gudari de la vida”.

¿Y quién fue Mikel de Viana?.

Un sacerdote jesuita vasco, nacido en Caracas, euskaldun, que con su capacidad de transmisión, su eficaz  oratoria, su sensibilidad social, se enfrentó al régimen de Hugo Chávez y tuvo que exiliarse. Pasó sus últimos años en la Universidad de Deusto dando clase, oficiando misas en parroquias, atendiendo a los jesuitas enfermos. Y falleció el jueves 4, fue enterrado en Loyola el domingo 7 y celebrado su funeral  en el Colegio de los Jesuitas en Bilbao en misa concelebrada por trece sacerdotes jesuitas ese mismo día y con una despedida en homilía a cargo de Peio Azpitarte que dijo lo siguiente:

“Un amigo de aquí Indautxu con frecuencia se refiere a la gente como gudari (soldado). Oye gudari, este es un gudari,… Y en el caso de Mikel me surgía a la hora de hablar de él, como gudari por muchas connotaciones que encontraba en su vida y que pueden coincidir en el significado de la palabra y que con ella también aparecen las luchas de nuestros tiempos y de nuestros pueblos.

Mikel nació en Caracas en una familia, como tantas allí de origen vasco. Estudió en el colegio de La Salle y a los 22 años ingresó en la Compañía de Jesús. Ya en 1983 fue ordenado sacerdote y en 1998 hizo sus últimos votos. Además de su formación en teología hizo estudios en sociología y se dedicó en la Universidad a la docencia y a la investigación. Y en ese frente se combate la batalla de la verdad.

Con la investigación comenzó a abrir una nueva mirada a la realidad de su pueblo en Venezuela, ya que los jesuitas hicieron  un estudio sobre la realidad de la pobreza en el país. A partir de los resultados de este estudio le empezaron a llamar de un lugar y otro para explicar los resultados y sus consecuencias. De ahí se pasó a la lucha por la justicia. En una realidad desigual con tasas significativas de pobreza la verdad denunciaba la injusticia.

A partir de ahí comenzó a salir con mayor frecuencia  en los medios y es cuando apareció en la televisión como un experto sociólogo y sacerdote, su lenguaje frontal y sin ningún tipo de reparos respecto al régimen. Y aquí encontramos la gran batalla de la libertad que le supuso tener que venir a Bilbao y poner una prudente distancia ante las reacciones del régimen.

Ya aquí en Bilbao, además de las necesarias relaciones con la colonia venezolana, Mikel se dedicó a la docencia en la Universidad de Deusto que yo calificaría como la batalla de la fe y como un compañero nos recordaba, suya es una frase: «doy clase a paganos (estudiantes de ética de Ingeniería), a apóstatas (estudiantes de Deustobide, la escuela universitaria de adultos) y a herejes (estudiantes de Teología)».

Mikel en Bilbao se cambió de frente y abordó la cuestión de la fe en una sociedad que se secularizaba rápido. Es por ello que profundizó en su conocimiento de la historia de la Iglesia, profundizó en la espiritualidad dando frecuentes tandas de ejercicios y acercándose a la espiritualidad carmelitana. Y se dedicó a la pastoral con abundantes ayudas en los distintos sacramentos.

Por tanto hasta ahora vemos cómo Mikel ha luchado por la verdad, la libertad, la justicia y la fe. Esa tarea, esa pelea supera por mucho las capacidades de uno. Son retos inmensos en los que uno sólo, ni Mikel puede arreglar por su complejidad. Pero la vida de Mikel nos sirve como inspiración cómo desde una vocación, en este caso la de jesuita, se pueden abordar.

Mikel, en su singularidad abordó los grandes temas de nuestro mundo y lo hizo como ciudadano, como sacerdote y como jesuita. En una vocación que unificaba tantos retos y con una vocación que le empujaba a esos retos. Dicho en lenguaje propio de la Compañía sería el celo apostólico.

Pero la mirada al mundo se juntaba con la mirada a casa. Mikel siempre ha estado vinculado y cerca de su familia. Se sentía orgulloso de los suyos, nos contaba historias de su casa, de las aventuras de su madre en el paso de Vitoria a Caracas. Nos compartía con especial fuerza esa condición humana de ser, hijo, hermano y amigo. En esa vida en casa estaba también compartir la amistad, vieja y nueva.

Y esa vida hacia dentro, también apuntaba más dentro en su profunda vida espiritual. Su vocación viene desde una experiencia personal de Jesús que fue profundizando. Desde el compromiso de ser compañero de Jesús profundizó de un modo personal en la espiritualidad Ignaciana  comprometida con la vida y con el mundo. Y además de aprender de Ignacio de Loyola completó su mirada al Espíritu desde la experiencia de Santa Teresa de Jesús.

Su muerte ha sido un palo para nosotros, pero tampoco nos extraña. Su diabetes y sus efectos fueron mutilándole partes de su vida hasta que una infección terminó con ella. Él peleó también por la vida, pero la misma vida le ganó esta batalla este pasado jueves.

Ahora nos toca seguir a nosotros, a quienes le queríamos. Nos toca acoger, agradecer y aprender de su vida. Para ello las lecturas de hoy nos pueden inspirar con tres frases:

En La primera lectura comienza diciendo: La noche de la liberación. Mikel preanunció, creyó y luchó por la libertad de su pueblo.

En la segunda, el autor de los hebreos nos dice: La fe es fundamento de lo que se espera, y garantía de lo que no se ve. Por ella son recordados los antiguos. Hoy podríamos recordar a Mikel por su fe y por todo lo que hizo por cuidarla, compartirla y profundizar en ella.

Y en el Evangelio se nos indica: Tened ceñida vuestra cintura y encendidas las lámparas. La muerte de Mikel ha tenido un componente de sorpresa para nosotros. Una vez más se nos recuerda que la vida es un gran regalo pero como tal también tenemos que estar atentos y preparado para todo, hasta el propio hecho de la muerte.

Hoy con dolor y con agradecimiento hemos enterrado a un gran gudari de la vida. Mila esker Mikel eta egun handira arte”.

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