Coordinador UCIN Galicia
La famosa frase «Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo» nos transmite la importancia de aprender de los errores pasados para evitar que se repitan en el futuro. En otras palabras, si no aprendemos de los errores del pasado, corremos el riesgo de cometerlos de nuevo, y lo estamos viviendo nuevamente en el Congreso de los Diputados: no hemos aprendido nada.
El distanciamiento político entre Gobierno y oposición parece insalvable en esta legislatura, o lo que quede de ella. ¿Por qué no hay diálogo? ¿Por qué sí corrupción? Ya para Platón el diálogo constituía la herramienta más adecuada para hacer avanzar el conocimiento. Todo cuanto escribió y pensó, lo hizo desde la crítica dialogada. En el diálogo, lo que está en juego no son los intereses particulares, sino las ideas, las opiniones de cada cual. Dialogar es el riesgo y la oportunidad de cambiar de opinión y sacarnos de nuestro error. ¡Pedro y Alberto, por Dios, diálogo! Son importantes nuestros orígenes, nuestra historia y nuestro pensamiento, pero también es importante estar abierto a nuevas formas de pensar. Debemos apartarnos de nuestro ego y permitir que nos deje avanzar y crecer como persona, algo que les cuesta a los actuales políticos, encerrados en su mundo partidista.
Es el momento de pasarnos al apartidismo, que permite partir sin un posicionamiento preestablecido para alcanzar puntos en común, aquello que pueda ser propuesto y ejecutado para un bien común sin partir de premisas ideológicas. Volvamos al diálogo, fundamental para el desarrollo individual y colectivo, que nos permite la construcción de relaciones sólidas y la resolución de conflictos. Es una herramienta esencial para la convivencia pacífica y el progreso social, ya que facilita el entendimiento, la comprensión y el respeto mutuo entre personas. La polarización política que se vive en el país está llevando al hartazgo ciudadano ante los escenarios de crisis prolongados, corrupción y las promesas de cambios que no se materializan, lo que hace que las instituciones en general atraviesen un momento de cuestionamiento muy severo por parte de la ciudadanía.
Más aún cuando vemos que una de las instituciones más importantes del país, el magistrado del Tribunal Supremo Ángel Furtado, puso este lunes al fiscal general del Estado al borde del banquillo. Mientras los partidos políticos no hagan su parte, no hay mucho que hacer, en el sentido de que la democracia «comienza a hacer aguas». Si queremos cuidar la democracia, es necesario cuidar a quienes decidimos que nos gobiernen cada cuatro años, pues ellos hablarán en nuestro nombre y serán nuestros representantes