Nuestros abuelos. Por Carlos Marcos

Carlos Marcos

Malos tiempos para todos. Sin comerlo ni beberlo nos ha caído encima una maldición en forma de virus que está destrozando nuestras vidas en todos los aspectos. Entre tanto sufrimiento surgen oleadas de solidaridad con distintas representaciones que nos hacen sentir ese calor humano que tantas veces hemos echado en falta y que, desgraciadamente,son efímeras. Aplaudimos a los sanitarios, a los mismos que muchos desaprensivos agreden en sus consultas hasta no hace mucho, también a las fuerzas de seguridad a las que los más asilvestrados tildan de fascistas  cuando actúan para reponer el orden público, a los transportistas que tanto molestan a algunos en nuestras carreteras, en definitiva a todos los que valoramos cuando los necesitamos y olvidamos cuando vivimos en normalidad. Hecho de menos los aplausos para nuestros abuelos, esos que mueren por cientos cada día y que se han dejado la vida para sacarnos adelante, los mismos que han puesto sus ahorros a nuestra disposición en tiempos de necesidad para que pudiéramos sacar cada día un plato de comida en la mesa de nuestros hijos, esos abuelos a los que algunos plantean abandonar al final de sus vidas para dar prioridad a otras personas más jóvenes que también sufren la enfermedad. Hemos de elegir y disponemos de sus vidas para salvar las nuestras. Leer más

“Tebas dio en el blanco”. Por Augusto César Lendoiro

Augusto César Lendoiro
Ex-Presidente R.C.Deportivo
Hace unos días Gianni Infantino, presidente de FIFA, presagiaba en “La Gazzetta dello Sport”, que “el fútbol se arriesga a entrar en recesión si no se recorta el número de partidos por temporada”, lo que mereció la respuesta inmediata de Javier Tebas en RRSS: “De acuerdo, pero que sea Infantino quien dé el primer ejemplo eliminando esas fechas FIFA que carecen de interés alguno”.

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Non é país para vellos. Por @DulceCorcu

A desoladora e árida película dos irmáns Coen, ilustra a maldade e o devastador inimigo detrás dos olllos de Javier Bardem, convertido nun asasino despiadado que non aforra tortura e perversión ás súas vítimas, e que leva por diante a quen se lle cruce no camiño, sen ningún tipo de miramento. Só é unha película, pero agora mesmo, na vida real, o noso Anton Chigurh non está a ser un pistoleiro psicópata na ardente Texas, senón un microscópico virus igual de letal, e que tampouco distingue á hora de inocular o seu veleno, pero que ten na franxa de maior idade, nos vellos e vellas, o seu territorio máis propicio.

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