La cofrade villa marinera de Cangas presentó el cartel de la Semana Santa del año 2026. El panel tiene como finalidad promocionar el evento mediante una imagen potente y evocadora, capaz de apelar a la emoción y a la tradición más allá de una simple descripción objetiva. Su autor, José María Pérez Santoro presenta una imagen que captura con gran fuerza expresiva la esencia de estas celebraciones, declarada de Interés Turístico de Galicia en el año 2002. La perspectiva elegida guía la mirada del espectador hacia el fondo de la excolegial iglesia de Santiago, donde se congrega masivamente la comunidad para participar en los santos oficios del Viernes Santo, en concreto en el Sermón de las Siete Palabras y el Descendimiento de Cristo de la Cruz. En la composición adquieren un papel destacado los elementos arquitectónicos del templo, junto con la cruz desnuda y la escalera de los Santos Varones en primer plano, que enmarcan la escena y aportan una notable sensación de profundidad.
La iluminación se convierte en un recurso fundamental. Los haces de luz que penetran por el rosetón generan un intenso contraste de claroscuro, dirigiendo la atención hacia la multitud y creando una atmósfera dramática y casi mística. El uso del blanco y negro refuerza esa sensación, al eliminar las distracciones del color y otorgar a la imagen un carácter atemporal y sobrio, acorde con el recogimiento propio de la celebración.
José María Pérez Santoro (Cangas, 1941–2020) fue mucho más que un fotógrafo local: fue, en esencia, un auténtico fotógrafo de la luz. Su mirada supo convertir lo cotidiano en extraordinario gracias a un dominio técnico y artístico que situaba la iluminación en el centro de cada composición. Formado en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando y con experiencia en los laboratorios cinematográficos de Samuel Bronston en Madrid, completó su aprendizaje con una etapa en París que amplió su sensibilidad estética y su proyección creativa.
En su estudio de Cangas desarrolló una trayectoria marcada por la experimentación y el perfeccionamiento técnico. La luz, ya fuese natural o cuidadosamente dirigida en estudio, se convirtió en su principal herramienta expresiva. Con ella modelaba los rostros, realzaba volúmenes, creaba atmósferas y otorgaba profundidad a cada escena. Sus retratos destacan por el equilibrio entre claridad y sombra, por la sutileza del claroscuro y por la capacidad de revelar la personalidad del retratado a través de la iluminación.
El blanco y negro fue uno de sus lenguajes predilectos, pues le permitía depurar la imagen y centrar la atención en la textura, el gesto y la intensidad lumínica. En sus fotografías, la luz no solo ilumina: narra, sugiere y emociona. Gracias a ese dominio técnico y artístico, Santoro obtuvo reconocimiento nacional e internacional, siendo distinguido por la Federación Española de Profesionales de la Fotografía e Imagen y premiado en certámenes europeos de retrato.
Pero su legado no se limita a los galardones. Santoro fue también un dinamizador cultural en su tierra natal, donde su estudio se convirtió en punto de encuentro y memoria visual de generaciones. Su obra permanece como testimonio de una época y de una comunidad, demostrando que la luz, en manos de un verdadero artista, puede convertirse en lenguaje y en emoción duradera.