Activistas de la organización despliegan una pancarta gigante en el corazón de Madrid para denunciar la ofensiva contra Irán y pedir una vuelta urgente a la diplomacia.
La Puerta del Sol ha vuelto a ser el escenario de un clamor histórico. Activistas de Greenpeace han descolgado este martes una pancarta de grandes dimensiones con el lema “NO A LA GUERRA”, recuperando el mensaje que en 2003 movilizó a millones de personas. En esta ocasión, la organización denuncia la grave escalada bélica en Oriente Medio tras el ataque lanzado por Estados Unidos e Israel contra Irán el pasado 28 de febrero.
Desde el inicio de la ofensiva, los bombardeos han golpeado infraestructuras críticas como escuelas y hospitales, dejando miles de víctimas civiles. Para Greenpeace, esta atmósfera bélica no es casual, sino el resultado de un sistema que prioriza los intereses de las industrias fósil y armamentística.
Nada justifica bombardear escuelas, hospitales o viviendas. Las bombas nunca traen paz: desestabilizan regiones enteras, multiplican el sufrimiento y destruyen el planeta”, manifestó Eva Saldaña, directora ejecutiva de Greenpeace España y Portugal.
Saldaña ha sido tajante al cuestionar los motivos de la intervención: “Pensar que más bombas traerán libertad al pueblo iraní es ignorar las lecciones de la historia. Los líderes mundiales tienen el deber moral de oponerse a este atropello contra el derecho internacional”.
La organización advierte de que la actual dinámica de «fuerza bruta» no solo liquida los derechos humanos, sino que acelera la degradación ambiental del planeta. Según Greenpeace, la guerra deja cicatrices generacionales:
- Destrucción de bosques, envenenamiento de reservas de agua y degradación de suelos.
- Los fondos que deberían proteger a la población de la crisis climática se destinan a la maquinaria bélica.
- Al igual que ocurre con el cambio climático, la población más pobre es la que paga el precio más alto de los misiles.
Frente a la lógica del militarismo y el miedo, Greenpeace defiende la vuelta a la diplomacia y a un sistema multilateral que apueste por el bien común. “El ‘No a la guerra’ tiene hoy más sentido que nunca. Defendemos la protección de la población civil frente a la ley del más fuerte”, concluyó Saldaña.