Nuestras abuelas nos decían que el pan no se tiraba porque era un alimento de Dios. Eran tiempos difíciles, como ha acaecido en distintos momentos de la historia de la Humanidad: guerras , posguerras, plagas y pandemias, así que desechar un alimento porque se haya quedado duro, como el pan, era un pecado mortal. Con estas premisas se ha creado una cocina de aprovechamiento que atesora las fórmulas más deliciosas de nuestros recetarios. Con los mendrugos de pan se preparan por ejemplo las sopas de ajo, las sopas de leche…..y las torrijas.
Como los tiempos mandan y estamos a un paso de la Semana Santa, hoy hablaremos de las torrijas, un ejemplo que traigo a mis Gastronterías amparado en su denominación imprecisa, que me recuerdan que no son sólo ricos alimentos anuales impulsados por la religiosidad del calendario.
Torrija, si nos metemos en la realidad etimológica de la descripción, pues no me encaja. Asocio torrija con algo torrado, tostado, casi calcinado, crujiente… Como los llamados torrados, aquellos garbanzos que sobraban del cocido de los miércoles que la abuela ponía en la sartén y después los blanqueaba con harina. Servían como picoteo en la sesión de tarde de los jueves, -que no había cole por las tardes- mientras veíamos en el cine, por ejemplo, Marisol rumbo a Río y Maciste el coloso, que era programa doble. La señora de la butaca de al lado me echaba la bronca por el ruido que hacía al masticar aquellos garbanzos torrados.
Pues lo mismo me ocurrió con las mal llamadas torrijas, un pan sobrante de días anteriores que empapaban en leche de burra, cabra u oveja, que allá por el año 1590 eran más barata que la de vaca. También las empapaban en vino, y en huevo batido para someterlas después al calor de una sartén en la que las freían, con la intención de consumirlas para conmemorar que a su referente religioso lo habían clavado a una cruz bestial de madera, que no hizo ni su padre ni el mío, aunque ambos eran carpinteros y sus hijos creativos. Pues a lo que iba, las torrijas son una exquisitez sencilla que se ha intentado sofisticar más allá del concepto de pan sobrante sumergido en sencillos aportes lácteos o vínicos.
Precisamente el otro día comentaba ese detalle con mi neurólogo, que se había intentado hacerlas con grandes vinos de La Rioja pero el resultado no era mejor. Que otros lo probaron con whisky bourbon y el resultado tampoco fue el esperado. Se hagan de forma tradicional, con leche o vino, selladas con azúcar y canela o con miel, o se prefiera probar las últimas novedades: torrijas con forma de donuts, con palomitas caramelizadas o con leche merengada…siempre serán una delicia preparada con ese mendrugo de pan duro que íbamos a tirar. Mientras, un abuelete del entorno familiar sugirió hacerlas de dos pisos y rellenas de Kukident (ojo, no es comestible) Porque, para que se le mezcle el pegamento rebosante de la dentadura en la boca mientras desayuna, prefiere que lo haga directamente.![]()