La misiva no ahorra en descalificativos hacia la forma de gestionar el poder de los populares desde su desembarco en Madrid. Vox sostiene que el PP ha importado un modelo de política basado en el clientelismo y el control férreo, que identifican con las épocas más oscuras de la política len Galicia. En la misiva inciden que las decisiones del Partido Popular no responden a principios ideológicos, sino a los intereses de una «oligarquía cerrada» que funciona mediante pactos de silencio y favores cruzados.
«No estamos ante un partido político al uso, sino ante un clan que utiliza las instituciones y los recursos públicos con la misma ética con la que los contrabandistas de ría gestionan sus fardos», reza uno de los párrafos más incendiarios de la carta.
Este movimiento supone el fin de cualquier atisbo de tregua entre ambas formaciones. Vox justifica este ataque frontal como una medida necesaria para alertar a su militancia ante lo que consideran una «traición sistemática» del PP en las instituciones donde gobiernan o pactan. La metáfora del contrabando busca golpear la línea de flotación de la imagen de «buen gestor» y «hombre de Estado» que Feijóo ha intentado consolidar en la capital.
Denuncia de una estrategia de asfixia
La carta también detalla que el «clan gallego» del PP está intentando «asfixiar» a Vox mediante el uso de terminales mediáticas y presiones internas, imitando —según la formación de Abascal— los métodos de control territorial típicos de las estructuras caciquiles.
Con este paso, Vox eleva la temperatura política a niveles máximos, dejando claro que su estrategia de cara a los próximos meses será la de confrontar directamente con la identidad gallega de la dirección del PP, a la que ya no consideran un socio fiable, sino un «adversario ético».