¡BIEN POR LA BARDOT!

Recuerdo que entramos en el local entre apocados y expectantes. Allí no estaba, desde luego. Preguntamos a la dependienta si la señora aparecería, y nos contestó con una sonrisa de oreja a oreja que no. Supongo que por dentro estaba descojonándose, tras tener que contestar lo mismo al enésimo ingenuo que esperaba encontrar tras el mostrador a la señora, como si no tuviera otra cosa mejor que hacer que ser pasto de impertinentes fotógrafos y fanes.

Hacía años que Brigitte había desertado del mundo y hasta de su propia belleza, aunque los genes nos acompañan para siempre. Descubrió que el mundo era feo porque feo lo hacen los miembros de la especie dominante, esos que abandonan perros o que roban la piel a sus legítimos propietarios por aquello de la vanidad y el exhibicionismo social. BB se refugió en el lejano mediterráneo, con sus cientos de amigos peludos, y supongo que con alguna que otra pareja humana que la comprendió hasta el final. Abdicó de su imagen, que solo prestó a partir de entonces a la causa de la solidaridad y la empatía parahumana.

Cuando la naturaleza te regala un cuerpo y un rostro como el suyo, no normal es que lo aproveches al máximo, y de hecho es lo que ella hizo durante un tiempo, aunque siendo todavía relativamente joven le dio un ataque de cordura y vio en qué mundo vivía. A veces sucede que todo lo material pierde de repente sentido, y la vida se resume en una mirada felina, o en un burrito famélico. ¡La esencia de la vida estaba ahí, frente a nosotros, y ni nos habíamos percatado! ¡Tan inteligentes y al tiempo tan idiotas!

Brigitte vendió entonces sus míticos vestidos, sus joyas, sus trofeos, todo lo que valora el humano, para dárselo al necesitado. Solo accedió a que su autor explotara la versión original de Je t’aime… moi non plus (la canción más bella que pudo imaginarse) si destinaba los beneficios a la causa que ella había elegido como desintoxicación de tanta vanidad.

Resulta muy revelador que fuera multada en varias ocasiones por incitación al odio, ella que tanto amor regaló durante décadas a los más desfavorecidos. El odio al que se referían las condenas consistía en declarar su deseo de que el país que amaba no fuera invadido por una ideología basada precisamente en el odio al infiel y a todo lo externo a la secta. ¡Manda cojones!

Se enfrentó al movimiento Me Too con el coraje suficiente de quien ya no tiene miedo a nada, y ni siquiera quiso vacunarse durante aquella «pandemia». Ambas cosas son la prueba palpable de que una mujer puede ser bella e inteligente. ¡Bien por la Bardot!

En estas ocasiones todo adquiere cierto sentido simbólico, y acaso lo sea también que nos dejara precisamente un veintiocho de diciembre, siendo que inocentes entre los inocentes son los seres a los que dedicó buena parte de su vida. Su pareja sentimental ha manifestado que la oía respirar con normalidad, hasta que de madrugada ella le dijo con voz muy bajita su pequeña palabra de amor: “Piou piou”.

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