La presión fiscal en España tiene dos varas de medir muy distintas según dónde se ponga la lupa. Si un ciudadano decide vaciar su trastero y obtiene un beneficio vendiendo en Wallapop, la normativa europea y Hacienda le exigen pasar por caja. Si una pareja contrae matrimonio y recibe el tradicional regalo de bodas de sus invitados, la ley estipula que debe tributar por el Impuesto de Donaciones. El control sobre el bolsillo de a pie es milimétrico.
Sin embargo, el rasero cambia en las altas esferas. Tras conocerse que el expresidente Rodríguez Zapatero recibió un lote de joyas valorado en más de un millón de euros, la burocracia oficial activa su escudo: al catalogarse como «regalo institucional», estos bienes se derivan a Patrimonio del Estado, quedando libres de cualquier declaración o tributación en su renta personal.