La política de ‘influencers’ y chascarrillo da paso a la democracia del ‘like’

El formato del debate político tradicional, pausado y con espacio para el contraste de ideas complejas, está en vías de extinción. Hoy en día, la política ya no solo se hace en los parlamentos o en las ruedas de prensa; se hace en vertical, mirando a cámara y buscando la complicidad del algoritmo. Los líderes de todos los signos, desde el PSOE hasta Vox, pasando por el PP o Podemos, se han transformado en creadores de contenido. El objetivo ya no es convencer mediante la oratoria, sino impactar en un minuto y medio.

El último ejemplo a nivel local se vivió ayer en las redes sociales de José Ramón Gómez Besteiro. El secretario general del PSdeG recurrió a su cuenta personal para lanzar un vídeo mostrando «los tres ases» de Alfonso Rueda y Alberto Núñez Feijóo, un recurso visual y directo diseñado específicamente para captar la atención rápida del usuario que consume información de manera fragmentada mientras desliza la pantalla del teléfono.

Esta estrategia responde a la era de la rapidez. En un entorno saturado de estímulos, los partidos políticos han asumido que el ciudadano medio no lee programas electorales ni sigue sesiones de control completas. La solución que han encontrado es el chascarrillo, la frase lapidaria y el golpe de efecto visual. Una fórmula que busca la reacción inmediata, el ‘like’ o el compartido, basándose más en la emoción y la ironía que en el argumento de peso.

El riesgo de esta tendencia, compartida por todo el arco parlamentario, es la pérdida de profundidad. Al reducir los problemas estructurales de la sociedad a un guion de TikTok, X o un vídeo corto de Instagram, el debate público se vuelve plano. Los matices desaparecen y la política se convierte en un catálogo de respuestas ingeniosas y consumo rápido, donde el aroma del parlamentarismo clásico es sustituido por la búsqueda del vídeo viral.

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