Los «lapsus» con retranca de Alberto Nuñez Feijóo

Vivimos tiempos maravillosos en la política. ¿Para qué perder el tiempo leyendo un programa electoral de cien páginas, con todas esas promesas sobre el millón de viviendas públicas que nadie sabe muy bien dónde se van a construir, si podemos resolver la gobernabilidad del país en un vídeo de quince segundos en X (lo que antes llamábamos Twitter, aunque a algunos todavía les cueste el cambio)?

Estamos en plena precampaña y la cosa va, como de costumbre, del «y tú más». La política se ha convertido en una obra de teatro donde hasta los abucheos están medidos al milímetro por los estrategas de comunicación. Una señora le canta a Sánchez que es española, española, otro fustiga a Ayuso a la salida de un acto, y a los tres minutos ya tenemos el clip listo para circular con el rótulo de turno: «Mira, a este ya no lo quiere nadie». Da igual la sanidad, la economía o las pensiones; lo que importa es la escenografía del zasca y el aplauso prefabricado.

Los gloriosos lapsus de Alberto Núñez Feijóo.

Con la experiencia de quien dirigió la Xunta de Galicia durante años con la precisión de un reloj de cuarzo, la presión de la política estatal parece estar pasándole una factura de lo más entretenida. Decía la prensa más afín que la capital cambiaba a cualquiera, pero lo que quizás no esperaban era este festival de geografía creativa, cifras bailando en el aire y datos ligeramente desplazados. Cambiar provincias de sitio, confundir fechas históricas o inventar conceptos económicos sobre la marcha tiene su mérito, demuestra que la mente del candidato va mucho más rápida que la propia realidad.

Y claro, frente a esto, la coreografía es la habitual, las terminales afines tratan de explicar con ardor que «en realidad quería decir otra cosa» o que la culpa era del cansancio de la agenda, mientras desde la trinchera contraria hacen fiesta grande con cada metedura de pata antológica.

Lo que está claro es que la campaña va a ser mortal de necesidad. Una carrera de fondo donde los programas no cuentan, para qué, si total al final ganen quienes ganen harán lo que les venga en gana y donde el único incentivo que nos queda a los ciudadanos es ver quién tropieza más veces antes del domingo de votación.

Calma en las filas del PP, que no cunda el pánico. Nos queda la retranca como refugio: ya que la política no nos arregla la vida, al menos que nos pague la entrada al sainete. Y en esto de dar espectáculo, hay que reconocerle al PPdeG un fino sentido del humor al colocar como cabeza de lista por Ourense a Ana Belén Vázquez. La misma diputada que se marcó una actuación antológica en el Congreso con el famoso «cacharrito» de gas mostaza, asegurando muy seria que no pasaba nada porque estaba vacío, mientras dejaba a varias personas al borde del ahogamiento. Un fichaje de categoría, sin duda, para los que echaban de menos emociones fuertes en la papeleta.

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