La peregrinación despierta nuestra humanidad. Por Miguel Abreu

por Miguel Abreu

¿Cuántas veces nos sentimos solos entre la multitud? El miedo a quedar fuera del grupo asusta, especialmente a quienes aún no se han descubierto a sí mismos como un ser completo. Cuando están solos, se refugian en unos auriculares y el ruido constante no les permite ni siquiera escuchar los latidos de su corazón. Parecen ser la inexistencia.

Son fácilmente traicionados por la mirada puramente terrenal, que no les permite ver más allá de lo que capta la retina. La piel, sobre un lienzo transformado, nos habla de sueños no dormidos. La vida es algo extraño y no intuida, pero se busca constantemente. No hay lugar para la novedad, para conocer lo desconocido. Todo tiene que ser hoy porque ya no creemos en el mañana.

Los pasos se detienen con dioses menores. Los que sólo les dicen lo que les gusta oír, son dos personas llenas de miedo que ya se perdieron el uno al otro. Han olvidado los sonidos de la naturaleza y la voz interior es desconocida. Símbolos, signos y marcas son los amuletos que los transportan a un más allá no muy lejano de ellos mismos. Los propósitos no son más que pretensiones. Pasan por el camino, no lo hacen. La vida vivida dejó de ser un arte mayor para dar paso a una actuación. Todo porque la confianza está en los demás que son sus pares. ¡Atrévete! Escucharte a ti mismo, confía en ti mismo y sigue tu camino.

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