España atraviesa un momento político donde las decisiones en las urnas no están guiadas por convicciones firmes, sino por el temor a lo que pueda suceder. Los votantes eligen, en su mayoría, pensando en evitar «lo peor»: ya sea el supuesto ascenso de la “ultraderecha” o la leve posibilidad de convertir España en una nueva Venezuela.
Sánchez amenaza y Feijóo no convence
Pedro Sánchez cuenta con un respaldo muy dubitativo entre sus votantes. Que votan por el PSOE, no por la figura de Sánchez. A pesar de ello, su estrategia de posicionarse como el “mal menor” frente al posible ascenso de la “ultraderecha”, le sirve cada cuatro años para continuar en la Moncloa. Mientras tanto, su partido cada vez pierde más votos a nivel regional, donde la candidatura se centra en él, y no en sus líderes locales, lo que genera que muchos se decanten por no votar al Partido Socialista.
Sánchez argumenta que votar al Partido Popular es abrir la puerta a la ultraderecha, y, aunque sea exagerado, su discurso no carece de fundamento. El PP, bajo la dirección de Alberto Núñez Feijóo, no ha tomado una postura clara de separación respecto a Vox, dando pie a alianzas que parecen más un acercamiento que una distancia. Aunque Feijóo insiste en que “no quiere pactar con ultras”, los acuerdos de gobierno alcanzados a nivel autonómico desmienten esta intención y alimentan la narrativa del PSOE.
El PP, atrapado en la inacción
Por su parte, el nuevo líder del Partido Popular tampoco logra inspirar confianza entre sus propios votantes. Muchos de ellos, frustrados, han optado por desplazarse hacia Vox, aunque el resultado práctico de apoyar a cualquiera de los dos partidos parece ser el mismo: alianzas que diluyen diferencias.
En lugar de consolidarse como una oposición contundente, el PP acumula errores y contradicciones. Ejemplo de ello fue el traspié de Feijóo en un programa televisivo, donde Silvia Intxaurrondo desmontó varios de sus mentiras en un programa de máxima audiencia a pocos días de las pasadas elecciones. Con una gran cantidad de herramientas para criticar a un gobierno marcado por su inutilidad, los populares siguen fallando en articular una alternativa sólida. De esta forma, Sánchez encuentra en el malmenorismo un salvavidas que le permite continuar en el poder.
La política española se ha reducido a una lucha por evitar el mal mayor, dejando de lado debates de fondo o proyectos de país. El PSOE explota el temor al cambio para mantenerse, mientras el PP no logra erigirse como una opción de confianza. En este contexto, los votantes continúan atrapados entre opciones que consideran insatisfactorias, alimentando una sensación de estancamiento en el panorama político nacional.