Mortadelo y Filemón, en el caso Dani Olmo

En las oficinas de la T.I.A., el Súper estaba más enfadado que un hincha del Espanyol viendo ganar al Barça. Con un periódico arrugado en la mano y su bigote temblando de indignación, irrumpió en el despacho de Mortadelo y Filemón.

– ¡Esto no puede ser! ¡Es la chapuza del siglo! – gritó, señalando un titular que rezaba: “Dani Olmo, fichado por 50 millones, libre en seis meses por no cumplir el Fair Play Financiero”.

Filemón, siempre dispuesto a la lógica, se ajustó las gafas y preguntó:
– ¿Qué tiene que ver eso con nosotros, Súper? ¿No es un problema de fútbol?

– ¡Exacto! ¡El problema es que ni Laporta sabe cómo solucionar este lío y ahora el fútbol español parece un sketch de Benny Hill! – bramó el Súper, golpeando la mesa. – ¡Vosotros vais al Camp Nou y resolvéis este embrollo antes de que se rían de nosotros en toda Europa!

Mortadelo, sin perder el tiempo, apareció disfrazado de Dani Olmo: botas de fútbol, camiseta del Barça y una peluca rubia que parecía salida de un espantapájaros.

– Tranquilo, Súper, ¡yo me encargo! – dijo, haciendo una chilena que acabó derribando un jarrón.

– ¡Deja de hacer el payaso! – gritó el Súper, mientras Filemón intentaba no estrangular a su compañero. – ¡Y descubrid cómo Laporta planea solucionar este desastre sin vender hasta las porterías!

En el Camp Nou: el circo de Laporta

Cuando Mortadelo y Filemón llegaron al estadio, la escena era digna de un programa de cámara oculta. Joan Laporta los recibió con una sonrisa tan amplia que parecía más falsa que los abdominales de un influencer. Sobre su escritorio descansaba un cartel que decía: “Todo bajo control”.

– ¡Bienvenidos, queridos amigos! – exclamó Laporta, mientras bebía un café que, claramente, contenía más optimismo que cafeína.

– Señor Laporta – empezó Filemón, con su libreta en mano –, estamos aquí para entender cómo es posible que ficharan a Dani Olmo por 50 millones y ahora lo dejen ir gratis como si fuera un regalo de Reyes.

– ¡Es una jugada maestra! – respondió Laporta, sacando un gráfico que no entendía ni él mismo. – Verán, aplicamos las famosas palancas económicas. Vendimos derechos televisivos, licencias… ¡y hasta la receta del pan con tomate del bar del estadio!

Mortadelo, disfrazado ahora de contable, miró las cuentas y negó con la cabeza.

– Pero si aquí pone que hasta han empeñado las chaquetas del staff técnico…

Laporta, con su sonrisa de político en apuros, intentó salvar la situación:
– Bueno, eso es solo un detalle menor. Lo importante es que con Dani Olmo ganamos tiempo. ¡Tuvimos a un jugador top, subimos el hype del equipo, y ahora él queda libre para brillar donde quiera! ¡Es una estrategia brillante!

Filemón se llevó las manos a la cabeza.
– ¿Brillante? ¿Perder 50 millones y dejarlo ir gratis? ¡Esto no es brillante, es digno de un programa de “Crímenes económicos”!

Mortadelo, disfrazado ahora de Tebas con una calculadora gigante, añadió:
– Pero si ni siquiera alcanzan el Fair Play Financiero. ¿Qué será lo próximo, vender el césped del Camp Nou por rollos en Amazon?

Laporta, siempre en su nube de optimismo, se levantó y dijo con voz solemne:
– ¡Amigos, esto es el Barça! ¡Aquí no vendemos jugadores, vendemos sueños!

– ¡Pues espero que el sueño incluya pagar las facturas! – respondió Filemón, mientras Mortadelo se disfrazaba de Dani Olmo y empezaba a correr por el despacho gritando:
– ¡Libre, soy libre! ¡Gracias, Laporta, por el mejor contrato de mi vida!

El gran desenlace: risas y números rojos

La misión terminó con Mortadelo y Filemón huyendo del Camp Nou, perseguidos por un Laporta que intentaba convencerles de invertir en una nueva “palanca mágica”.

De vuelta en la T.I.A., el Súper les esperaba con los brazos cruzados.
– ¿Y bien? ¿Qué habéis descubierto?

Filemón, cansado, resumió:
– Que el Barça está más roto que un reloj de feria, que Dani Olmo se va gratis, y que Laporta todavía cree que todo esto es una obra maestra.

Mortadelo, disfrazado ahora de balón de fútbol, añadió:
– Pero eso sí, Súper, ¡Laporta debería dar clases de optimismo! Si puede ver algo positivo en esto, ¡cualquiera puede!

El Súper, más rojo que el escudo del Barça, les persiguió por toda la oficina. Porque, al final, en el fútbol moderno, la comedia no está en los estadios, sino en las oficinas.

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