Acabo de terminar mi primer libro del 2025; se trata de un ensayo de las francesas Sarah Gensburger (socióloga) y Sandrine Lefranc (politóloga), titulado originalmente “A quoi servent les politiques de mémoire?” y que, en su versión en castellano, obra de Alberto Haller y Lucía Navarro, adopta el título de “Tejer el pasado: ¿Para qué sirven las políticas de memoria?”. Lo publica la editorial Barlin Libros.
Para ser sincero, me decanté por este libro entre las múltiples opciones que me ofrecía la librería porque, pensaba, sería interesante conocer lo que opinan dos investigadoras francesas sobre políticas de memoria en cuanto se refiriesen a España.
El libro no es muy largo (apenas ciento cuarenta páginas, incluyendo el prólogo de Jordi Guixé, director del Observatorio Europeo de Memorias EUROM), pero es denso, con múltiples referencias a experimentos y estudios sociológicos que, intuyo, no representan un problema para sociólogos, pero que pueden alimentar en el profano y en el simple aficionado una renovada fe en el principio de que sólo sabes, que nada sabes.
Y, como esperaba tras el hojear preliminar en la librería, está lleno de referencias a conflictos y políticas de memoria a lo largo de todo el planeta: Desde la propia Francia hasta las Antillas, de EEUU a Sudáfrica, de Israel y Gaza a Ruanda y Marruecos, de Rusia a China y Camboya… todo el planeta parece tener cuentas pendientes con su pasado y, al tiempo, serias dificultades a la hora de solucionar dichos pleitos.
Pero, misteriosamente (para mí, al menos) hay un país, geográfica y socialmente cercano a la Francia de las autoras, que no tiene ni una sola mención explícita en el libro: España.
A medida que iba avanzando en la lectura del libro, iba perdiendo la esperanza de encontrar una referencia directa a la memoria en España, y aumentaban mis dudas y preguntas ante la ausencia de la misma: ¿En Francia dos estudiosas de la memoria desconocen la existencia de un debate, de una legislación, de una serie de iniciativas de memoria a todos los niveles en España?
Que les resulte más cercana a las autoras la I Guerra Mundial o el genocidio de Ruanda que España hasta puedo entenderlo, pero… ¿Por qué mencionan Argentina, Chile, Turquía o Armenia entonces? ¿Acaso en estos lugares hay más polémica, más debate, más esfuerzo en la memoria?
No aguardaba leer a dos francesas sobre memoria del mal llamado “conflicto vasco” (esa manía de aceptar el discurso del verdugo, tan impropia de las políticas de memoria) pero si alguna referencia (incluso varias) a la memoria de la dictadura y de la guerra civil, a los esfuerzos realizados en esa dirección, a las leyes…
Es verdad que muchos de los hechos relatados y de las conclusiones que extraen las autoras de estos pueden aplicarse a la situación de la memoria en España en términos generales, pero con la excepción de una mención pasajera a los “republicanos españoles” (en referencia al memorial del campo de Rivesaltes – Occitania, Francia – y no a las políticas de memoria en España), nada tenía relación directa con la memoria en España.
Y, de pronto, en la última página, cuando ya de reojo veía, en la página de la derecha, el inicio de la extensa bibliografía empleada por las autoras, apareció ante mis ojos una referencia que, sin duda, en un libro publicado en 2024, solamente puede tener relación con esta España en la que el gobierno ha decidido dedicar el 2025 a la figura de un dictador fallecido (en la cama) hace cincuenta años pues… ¿A qué otra cosa podrían estarse refiriendo Gensburger y Lefranc cuando escriben “Un gobierno (…) usará con mayor saña el pasado cuanto más quiera evitar otros debates con la oposición”?