Hemos aprendido a superar todos los límites, a desafiar la verticalidad y a mirarle a los ojos al miedo, sin perderle el respeto a las normas básicas de seguridad. Cada vez buscamos nuevos desafíos que nos incentiven, que nos acerquen a una búsqueda que hace no demasiado era poco menos que impensable. Las actividades antes llamadas de riesgo ahora lo son de rutina, gracias al dominio de los espacios, de las especialidades, y a una política cada vez más activa para todos los edades y para todos los miembros de la familia. En buena medida, parte de la culpa la tienen los rocódromos, esos espacios multidisciplinares en los que la diversión es tan universal como la falta de barreras: existe un desafío para cada visitante, pero ningún tipo de visitante queda excluido. Es lo maravilloso de un mundo que tira las barreras a pasos agigantados y que se hace más inclusivo y accesible
En primer lugar, la tienda de escalada de un rocódromo nos ofrece espacios maravillosos en forma de desafío, pero hay que estar armado para ese desafío. Ofrece la posibilidad de alquilar material de escalada para las instalaciones si no se dispone de él, o comprar productos en el caso de que seamos conscientes de que las visitas van a ser habituales y recurrentes. Desde los pies de gato al arnés, en todo momento es necesario el asesoramiento de un profesional que, de manera personalizada, nos guíe hacia cuál es el equipamiento que mejor se adapta a nuestras necesidades y demandas.
También se antoja igualmente importante el asistir a clases de escalada que, desde el nivel más básico, nos ayuden a familiarizarnos con posturas, actitudes, formas de encarar lo que se convertirá poco a poco en pequeños desafíos que, a buen seguro, iremos superando y con los que nos iremos divirtiendo de una manera que hasta hace no mucho era inconcebible por difícil de llevar a cabo para todo el mundo.
Un rocódromo en Madrid de primer nivel significa una instalación de primer nivel que, sin embargo, se adapta a todos los públicos y necesidades y que, además, reinventa sus retos y desafíos de manera constante para no caer en ningún momento en la rutina o en algo que ya nos sepamos de memoria.
Por lo tanto, es difícil encontrar en la sociedad elementos que supongan un desafío real, atractivo y adaptado para un target tan ecléctico, y que la respuesta de quienes lo prueben resulte tan unánime.