Trump, el viejo loco que lleva el mundo al desastre. Por Enrique S. Luengo

Ya está otra vez. Donald Trump, el desequilibrado con ínfulas de emperador, el viejo gagá que se cree un César cuando no pasa de ser un vendedor de crecepelo, vuelve a hacer de las suyas. Ahora, el iluminado ha decidido que la Unión Europea no solo es un problema, sino que fue creada, literalmente, para joder a los Estados Unidos. Palabras textuales del hombre que ocupa el despacho más poderoso del planeta. Ahí lo tienen, un vejestorio decrépito, con la mollera comida por el ego y la senilidad, diciendo sandeces a carcajadas mientras millones de imbéciles con gorras rojas le corean como si estuvieran en un mitin de secta.

Pero la cosa no acaba ahí. Porque este chiflado no se limita a soltar tonterías en público como un abuelo borracho en la cena de Navidad. No, este loco juega con fuego. Ahora amenaza con clavarle a Europa unos aranceles del 25% porque sí, porque se ha levantado con el pie torcido o porque algún asesor más imbécil que él le ha susurrado al oído que eso le dará votos entre los rednecks de Oklahoma. Como si la economía mundial fuera su casino privado. Como si las relaciones internacionales fueran un capítulo de El Aprendiz.

Y lo peor de todo es que esto ya lo hemos visto antes. Trump es la prueba definitiva de que los imperios no caen por culpa de enemigos externos, sino porque se pudren por dentro. Un país que pone al mando a un payaso de feria no necesita invasores, se destruye solo. Y ahí está América, un Titanic a la deriva con un viejo pirado al timón, gritando estupideces y amenazando con chocar contra todos los icebergs que se le pongan por delante.

Porque no nos engañemos, Trump no es solo un tipo idiota. Es un tipo peligroso. Peligroso porque no tiene ni idea de nada, pero se cree más listo que nadie. Peligroso porque juega con fuego y le importa una mierda a quien queme. Peligroso porque su locura es contagiosa, porque hay millones de descerebrados dispuestos a seguirle hasta el abismo.

¿Aranceles del 25% a Europa? ¿Por qué? Porque sí. Porque Trump es el matón de instituto que nunca creció, el niño malcriado que si no consigue lo que quiere, patalea y empieza a romper los juguetes. Porque este demente se cree que el mundo entero es su patio de recreo y que puede manejarlo a golpe de rabieta.

Y lo peor es que los americanos, en su infinita estupidez, siguen riéndole las gracias. Un país que podría elegir a gente seria, que podría hacer las cosas bien, pero que prefiere entregarse a un viejo loco con un peluquín naranja y la estabilidad mental de una cabra con sobredosis de Red Bull. Un país que hace tiempo que dejó de ser la gran potencia mundial para convertirse en el hazmerreír del planeta, un circo donde el mayor payaso es el que manda.

Así que agárrense. Porque con este viejo trastornado en la Casa Blanca, prepárense para más locuras, más amenazas, más decisiones absurdas que joderán a todo el planeta. Trump es el síntoma de una enfermedad mortal. La enfermedad de una civilización que ha perdido el juicio y que, en vez de buscar soluciones, se entrega con gusto a los brazos del caos.

Lo dicho: América no necesita enemigos. Con Trump, ya tiene suficiente para autodestruirse.

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