Está sobre la mesa en España de un tiempo a esta parte, y también a nivel mundial, el caso del alquiler de viviendas y el acceso a las mismas. El derecho a una vivienda y las dificultades de un segmento de la población para hacer frente al pago de las cuotas. Sin embargo, en el otro de la balanza está también una desprotección, la de los propietarios, que muchas veces no ocupa esa primera plana mediática o ese foco sobre el que se pone la atención también a través de las redes sociales y creadores de contenido de todo tipo.
Por ejemplo, cada vez son más los propietarios que optan por contratar una fórmula de alquiler seguro para alquilar sus inmuebles. Sin embargo, el en qué consiste y cómo afecta a los inquilinos no es una realidad que conozcan demasiados arrendadores ni arrendatarios en el marco actual. Se trata de un concepto que ha ido ganando popularidad en el mundillo inmobiliario, pero que aún no se ha instaurado entre el gran público. Sobre todo, es importante recordar que la inmensa mayoría de los propietarios no son especuladores y que, en caso de ser víctimas de esa cadena social que lleva a muchos inquilinos a no poder pagar, se quedan también en una situación de vulnerabilidad que genera un horrible efecto rebote. Para impedirlo, existen mecanismos mediante los cuales las inmobiliarias pueden asegurar mediante un servicio extra que ha ido ganando en adeptos y eficacia.
Por un lado, el objetivo de este servicio es asegurar por un lado el pago de la renta y, por otro, gestionar otros imprevistos tales como la marcha anticipada del inquilino, una tendencia que han ido denunciando propietarios cada vez con más asiduidad. El compromiso de la inmobiliaria por asegurar el pago puntual de la renta y el alquiler interrumpido del inmueble tiene, evidentemente, un coste.
Generalmente, ese coste se pacta adicionalmente respecto a un porcentaje de la renta mensual, que acostumbra a ser de entre el 3 y el 5 por ciento de la misma. Pagar, normalmente, 30 a 50 euros por cada 1.000 de renta. El precio final del seguro depende de la inmobiliaria, aunque desde siempre se ha incluido el alquiler seguro en su portfolio de servicios. La inmobiliaria, por su parte, acostumbra a hacer un seguro de impagos y un casting de arrendatarios para asegurar, valga la redundancia, que todo salga bien.