Javier López Menacho, escritor con una reconocida trayectoria en abordar temas sociales y de actualidad, nos presenta su nueva novela, “Cuentan las crónicas” (Rasmia Ediciones), que tendrá su próxima presentación en la Fira del Llibre de Valencia el 2 de Mayo. Una obra que se sumerge en el mundo del fútbol desde una perspectiva inusual, combinando el género negro con una profunda mirada social. En ella, el fútbol modesto, la memoria de los barrios y una afilada crítica al mundo de las apuestas se entrelazan para ofrecer un retrato contemporáneo de nuestra sociedad. Conversamos con él sobre esta fascinante propuesta literaria.
“Cuentan las crónicas” se presenta como un “noir futbolístico”. ¿Cómo surge esta particular fusión de géneros y qué posibilidades narrativas te ofrece la combinación del fútbol con los códigos de la novela negra?
Me quería demostrar que podía hacer literatura de género sin perder mi esencia como escritor, integrando mis temas y obsesiones. Siento que la literatura de género cobra sentido si es la excusa para hablar de algo más. El género negro es especialmente goloso por su tendencia natural a abordar lo más oscuro del alma humana y las miserias de nuestra sociedad. Y el fútbol es solo un marco en esta novela, un escenario narrativo que permite ponernos frente al espejo. El fútbol y la sociedad son vasos comunicantes. La combinación de género negro y fútbol, por otro lado, me permitía también recuperar el aspecto lúdico de la escritura. Me tomé muy en serio el consejo de Cruyff, “salid y disfrutar”.
El libro aborda de manera crítica el mundo de las apuestas deportivas. ¿Qué te motivó a explorar esta problemática en tu novela y qué crees que revela sobre nuestra sociedad actual y la relación con el deporte?
Me parece una imagen terrible los barrios humildes plagados de casas de apuestas con chavales en la puerta fumando, bebiendo y jugándose sus ahorros. Es un problema que azota a nuestra sociedad, un nuevo tipo de ludopatía que está generando mucho dolor. Además, se están perdiendo los valores del deporte. Ya hay jugadores profesionales en LaLiga o en la NBA que han manipulado la competición, sucumbiendo a la tentación del dinero fácil. Es una perversión del juego, que deforma la esencia del mismo y lo traduce en términos de mercantilización. De alguna manera, en Cuentan las crónicas trato de reflexionar sobre esto, de sacar una bandera y decir: “Somos muchos más los que amamos el deporte de otra manera y no vamos a vendernos”.
Frente al fútbol de élite y su (a veces) deshumanizado negocio, reivindicas el fútbol modesto. ¿Qué valores encuentras en este “otro fútbol” que consideras importantes destacar y que quizás se están perdiendo?
Sin romantizarlo en exceso, pues también tiene sus sombras, es bonito ver esos clubes de barrio que conectan diversas generaciones donde se reúnen familias en torno al deporte. Es un lugar de encuentro, como una peña de barrio, que genera comunidades y articula la memoria colectiva. Dinamizan los barrios, les da un motivo para unirse. Eso es lo bonito del deporte de las categorías modestas. Un espacio mucho más imprevisible, mucho más pegado a la vida.
La memoria sentimental de los barrios es un elemento clave en la novela. ¿Cómo se articula esta memoria a través del fútbol y de sus personajes? ¿Qué papel juegan los escenarios cotidianos en la construcción de la historia?
A través de los recuerdos, de los y las futbolistas de referencia para la afición, a través de partidos míticos que propician emociones insostenibles, a través de la unión a otras vivencias de carácter personal, a través de los estadios, de los bares y de los viajes alrededor del fútbol. Decía Nick Hornby que recordaba episodios importantes de su vida asociándola a temporadas concretas donde sucedió tal y cual cosa en el campo. “La temporada que el Arsenal ganó al Liverpool yo estaba en la universidad”, por ejemplo. Este poder no lo tiene el trabajo ni casi ningún otro aspecto de la vida. Tiene una capacidad tremenda de impregnarse en la memoria.
Mencionas referentes como Fontanarrosa o Hernán Casciari. ¿De qué manera han influido estos autores en tu forma de narrar o en la visión que tienes sobre cómo abordar temas sociales a través del deporte?
Fontanarrosa de una manera simbólica, es decir, abrió la posibilidad de escribir de fútbol en un sentido literario. Visibilizó esa opción, la trasladó a un terreno antes ignoto. Hernán Casciari es una influencia más real, es un autor que tiene una música especial, una oralidad tremenda, mucho ojo para saber que al tratar el fútbol literariamente, el fútbol es lo menos importante. Es hincha de Racing de Avellaneda y vivió en Barcelona en los tiempos del hombre perro, Messi. Eso deja huella.
Tus trabajos anteriores a menudo han tenido un fuerte componente social y de no ficción (“Yo, precario”, “La generación like”). ¿Qué te llevó a
explorar estos temas en el formato de novela en esta ocasión? ¿Qué te permite la ficción que quizás no te permitía el ensayo o la crónica?
Quería recuperarme como escritor de ficción, que es lo que siempre he querido ser. Llevaba años muy solemne, escribiendo ensayos de manera impulsiva porque hay temas relacionados con las injusticias sociales que me rasgan cada día y no puedo evitarlo. Con Cuentan las crónicas quería volver a ser el escritor joven que leía a los clásicos como García Márquez o Cortázar, volver a sentir ese frenesí de la literatura, su música, la sensación de que sobre el papel todo es posible. Eso es lo que permite la ficción, llegar a territorios que creías imposibles.

El protagonista, Santiago Peña, se enfrenta a un dilema moral importante en el último partido de la temporada. ¿Qué representa este personaje y su conflicto en el contexto de la crítica social que plantea el libro?
Santiago Peña soy yo, eres tú, es cualquier persona. Es un hombre atrapado en las contradicciones del capitalismo. O dejarse llevar por la ola del negocio o mantenerse fiel a sus valores. Así me siento yo muchos días de mi vida, en la relación con el trabajo, con las empresas, con las cosas que me parecen verdaderamente importantes. Siento que a veces renuncio a lo esencial por asuntos económicos. Por eso era importante comenzar la ficción generando empatía con Santiago, para que pudiéramos sentir como propio su dilema.
La novela se articula en torno a la narración en tiempo real de un partido. ¿Supuso un desafío técnico particular estructurar la historia de esta manera? ¿Qué buscabas transmitir con esta elección narrativa?
No he leído nunca una novela a tiempo real en un partido de fútbol, es decir, que la acción transcurriera durante los 90 y tantos minutos que dura, así que me propuse llevarlo a la práctica. Esta estrategia me permitía establecer un mcguffin que da sentido a la narración y que capta la atención del lector. La idea era que el fútbol, de alguna manera, fuera el que marcaba la duración de la novela, como si fuera inevitable atender a sus códigos. Esa idea me pareció potente.
Más allá de la trama principal, la novela parece invitar a reflexionar sobre el concepto de éxito y fracaso, dentro y fuera del ámbito deportivo. ¿Cuál es tu visión al respecto y cómo se refleja en las vidas de los personajes?
Tengo una visión del éxito muy contraria a la de la sociedad actual. Para mí el éxito es compartir momentos de felicidad con tu gente. No conecto tanto con el éxito a través de la fama o la proyección profesional. Aunque seas un genio en lo tuyo, al final quieres compartir momentos con personas que quieres. Por otro lado, la mayoría de fracasos cotidianos, no me parecen fracasos, me parecen simplemente aprendizaje. Tendemos a valorar la vida en términos de éxito y fracaso, haciendo un reduccionismo absurdo. Creo que la combinación capitalismo y redes sociales han creado un binomio éxito-fracaso que trae muchas frustraciones y nos impide entender que la vida es mucho más compleja que eso.
El fútbol, para muchos, es una vía de escape o un reflejo de la vida. ¿Cómo percibes tú esa dualidad en “Cuentan las crónicas” y en la realidad?
El fútbol puede ser vía de escape o reflejo de la vida, ambas cosas. Puede ser lo que queramos que sea, siempre que lo situemos en un lugar lógico y saludable. El fútbol ultra y forofo, más que una bendición, es una lacra.
¿Qué papel juega Rasmia Ediciones en la publicación de esta novela? ¿Cómo ha sido la experiencia de trabajar con ellos?
Ha sido un proceso muy reconfortante trabajar con Rasmia. Su papel ha sido fundamental sobre todo para detectar posibles errores, pues en una novela muy coral, de gran complejidad técnica, y tenía algunos despistes que subsanaron. Han estado muy pendientes de esto, y también han realizado un producto muy cuidado y asequible, cosa que agradezco. La literatura debe de intentar llegar a todos los bolsillos, no ser elitista. Y estoy contento porque para mí era fundamental, además de encontrar una editorial con un buen catálogo y cierto espíritu crítico, que los editores sean buenas personas.
Después de sumergirte en este “noir futbolístico” con trasfondo social, ¿tienes en mente seguir explorando la intersección entre deporte y
sociedad en futuros proyectos literarios?
Siempre que contesto a mis futuros proyectos, me contradigo. Así que toma esta respuesta como sospechosa. Siento que mis próximos proyectos van a ir por otro lado, aunque siempre he tenido en la cabeza hacer un librito de baloncesto. Ya exploré ese camino en una antología de cuentos de basket, “Tiros libres” se llamó. Y no lo descarto para el futuro hacer algo en esa línea, con crítica social de fondo, por supuesto.