¡Ay, BNG, BNG, la comparsa del gobierno de Inés Rey, del querer y no poder!

A Coruña, tierra de humor, fútbol, comparsas, mar, paseo marítimo, cerillitas, barrios, políticos, y, por lo visto, de un BNG que canta en el coro que dirige Inés Rey, pero no sube al escenario principal, da la sensación que solo forma parte de la clac Y es que si Canzobre levantara la cabeza –¡Dios lo tenga en la gloria y con un buen licor café a mano!–, seguro que ya tendría letra para la comparsa del año, esa que nos cuenta los chascarrillos del gobierno municipal y, sobre todo, de sus… ¿Opositores? ¿Colaboradores? ¡Ay, qué lío!

El caso es que, viendo la que se lía cada dos por tres, a uno le da por pensar en una copla al más puro estilo Canzobre, con ese arte tan suyo de pinchar donde duele, pero con una sonrisa en los labios. Los nombres de Papagayo y Tabares se quedarían cortos en una copla.

(Con ritmo de pasodoble de comparsa, imaginando a los integrantes del grupo municipal del BNG con gorro de papel, Jorquera con el rascayú, el resto con guitarras)

En esta Coruña, mi tierra querida, /hay un partido que da la gran partida. Se pone serio, el ceño bien fruncido, /parece que el mundo ha de ser removido.

Con ruedas de prensa, con gran aspaviento, /denuncian facturas, ¡qué gran sufrimiento! /Que si el pobre Castro, en su cajón oscuro, /tiene papelitos, ¡qué futuro más puro!

Y van al Pleno, con su voz altiva, piden explicaciones,/ ¡la gente expectante mira! Parece que ahora sí, que la cosa va en serio,/ que el gobierno tiembla, ¡ay, qué misterio!

Pero luego, al final, ¡qué gran desengaño! /El teatro termina, no hay ningún daño. /Todo se queda en salvas al rey, amigo, /la crítica suena, pero no hay castigo.

¡Ay, BNG, BNG, comparsa de mi alma! /Que amaga y no pega, ¡qué poca calma! /Tanto decir «voy», y al final «no puedo», /más que un partido, ¡parecéis un enredo!

Y es que sí, queridos lectores. Parece que en el Ayuntamiento de A Coruña tenemos una «comparsa» en la oposición (o en la abstención, o en la crítica constructiva, ¡a saber!) que domina el arte de la denuncia mediática. Se alza la voz, se apunta con el dedo, se convocan a los periodistas… y el pobre Gonzalo Castro, concejal de Cultura y Turismo, ya debe tener los oídos pitándole de tanto «presunto irregular».

Dicen que tiene facturas en el cajón, que no cuadran, que son un despropósito. Y el BNG, ni corto ni perezoso, lo suelta en rueda de prensa. ¡PUM! Titulares garantizados. Luego, la cosa se traslada al Pleno, que es como el gran escenario de la comparsa, donde se repite la canción con más solemnidad, se piden «explicaciones» (que en lenguaje de comparsa significa «que se note que estamos aquí»).

Pero, ay, la magia del carnaval municipal es que, al final, la cosa se diluye como un azucarillo en el café de la mañana. Mucho ruido y pocas nueces. El muñeco se descuelga, las facturas se quedan en el cajón y el circo sigue su curso hasta la próxima «irregularidad» que, por supuesto, será denunciada con el mismo fervor, el mismo ahínco… y el mismo resultado, engaño a la ciudadanía.

Así que, mientras esperamos la próxima entrega de esta tragicomedia, solo nos queda aplaudir el ingenio de quienes, como el añorado Canzobre, saben que la mejor forma de criticar es con una buena dosis de humor y una copla que se pegue al alma. ¡Y que no paren las comparsas, que así la vida es más llevadera!

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