Las obras VIP en el estadio de Riazor: una comedia de enredos con tintes de esperpento gallego

¡Agárrense que vienen curvas, pero no de estadio mundialista, sino de puro surrealismo! Lo que les voy a contar a continuación podría parecer un sketch de humor, de esos que te hacen llorar de la risa, pero, ¡ay, amigos!, es más real que los baches en las calles de A Coruña. El colmo de los colmos, la guinda del pastel de lo absurdo, se sirvió hace apenas unos días en la mismísima puerta del estadio de Riazor. Imagínense la escena: Dani Regos, (exdelegado del RC Deportivo y ahora director de Deportes del Concello coruñés), acompañado del mismísimo concejal de Deportes, Manuel Vázquez (otro pez gordo de la política local), un misterioso señor con «poco pelo» (¿quizás un asesor de imagen, un turista que pasaba por allí, o un experto en invisibilidad?), todos ellos, con sus mejores galas de «autoridad», quisieron acceder al templo coruñés. Pero, ¡zas!, se toparon de bruces con la todopoderosa mano de Abanca, el dueño del cotarro. En la puerta, un vigilante diligente, cuál Cerbero guardián del inframundo, les cortó el paso sin contemplaciones. ¿El resultado? Un trío de «ilustres» cabreados que, ni cortos ni perezosos, tuvieron que llamar a la Policía Local para que «tomara nota». Sí, han leído bien. ¡La autoridad local pidiendo permiso para entrar en sus propias instalaciones! Esto no es un chiste, aunque bien podría ser el inicio de una comedia de enredos con tintes de esperpento gallego.

Obras en el interior del estadio de Riazor: ¿Un misterio digno de Agatha Christie o un simple despiste?

Si uno se aventura por la calle Manuel Murguía, hace unos días podría toparse con el fascinante espectáculo de unos cuantos materiales de obra apilados y algún que otro operario, quizás echando una cabezadita. Pero, ¿para qué tanto ajetreo? Las teorías son tan variopintas como los sombreros de un desfile en un hipódromo inglés. La pregunta entre los viandantes era, ¿comenzó la remodelación del Estadio de Riazor?

El Ayuntamiento, con su eterna visión de futuro, dicen que habrá Mundial, que la financiación está asegurada, lo afirma el concejal de Turismo, Gonzalo Castro, aunque, hasta ahora, no ha desvelado si hay o no financiación y que las obras de un nuevo estadio, como dijo el Quijote a su fiel Sancho, «¡Cuán largo me lo fiais, amigo Sancho!, están en el limbo. ¿Estará la clave en mayo del 2027? La falta de un cronograma, la ausencia de un presupuesto (¡esos detalles sin importancia!) y el baile de cifras y versiones tienen a los coruñeses en un estado de escepticismo crónico. Muchos sospechan que somos el «relleno» perfecto en la candidatura española, el comodín que nadie se espera que juegue, pero que ahí está, por si acaso. Lo diré primero: La pasta la va a poner Abanca.

¿Qué obras se están haciendo en el estadio de Riazor?

  • Desde el Deportivo, con su pragmatismo a flor de piel, insinúan que la obras de ampliación de la zona VIP, son obligadas por la LaLiga. Fragento de la carta enviada a los usuarios de los palcos VIP (En línea con nuestro compromiso de mejorar, de forma continua la experiencia de nuestros aficionados, nos encontramos trabajando en nuevos proyectos de hospitality, que contempla la creación de espacios VIP completamente renovados y diseñados para ofrecer un entorno más exclusivo y confortable)
  • En temas referentes al Mundial, dice Máximo Adalberto Benassi elevando el tonillo de voz en el Divino, que no va con ellos, La auténtica prioridad del Deportivo, según Benassi y el sentir general en el Club, es cumplir la exigencia de Juan Carlos Escotet a los profesionales del RC Deportivo: el ascenso esta temporada a Primera División. El presidente, de hecho, ha puesto el listón muy alto a Hidalgo, obligándole a quedar primero o segundo para ascender «de tacón»
  • Pero la cruda y aburrida realidad de las obras, tras una «exhaustiva» investigación (es decir, preguntar al de la obra), es que se están ampliando la zona VIP, ¿con permiso municipal?. Es evidente que alguien está tomando el pelo a la ciudadanía.

La imagen que proyecta A Coruña es la de una ciudad que aspira a ser la anfitriona de una boda de oro, pero no tiene ni para el confeti. Si de verdad queremos acoger partidos del Mundial, la solución es sencilla: que alguien se ponga serio, presente un plan de verdad, invierta de verdad, y no nos venga con cuentos chinos. De lo contrario, la etiqueta de «sede ilusa» se nos va a quedar grabada a fuego, y el único mundial que veremos será el de dardos en el bar de la esquina.

Comparte éste artículo
No hay comentarios