En un giro digno de guion, los trabajadores del Servicio de Ayuda a Domicilio (SAF), de Carral han protagonizado hoy una particular «despedida» a los sindicatos. Lo que prometía ser una jornada de votaciones en la empresa Azvase SL se convirtió en una muestra elocuente de la desesperanza ante la pasividad de los sindicatos, diligentes para cobrar las cuotas y ausentes en los momentos que las trabajadoras y trabajadores necesitan asesoramiento.
Desde las 14:30 hasta las 16:30 dos horas en las que se iban a elegir a dos delega de personal, que finalmente no se celebraron dichas votaciones. ¿El motivo? Las dos candidatas retiraron su candidatura antes de que se abrieran las urnas, alegando «irregularidades en el proceso de votación». Un preámbulo que ya auguraba que este no sería un día cualquiera, la unidad entre el personal del SAF fue unánime.
La situación, lejos de ser un hecho aislado, es el culmen de siete meses de frustración. Siete meses en los que, pese a una «causa grave como el despido ilegal de una compañera», el trabajador del sindicato brilló por su ausencia o, al menos, por su ineficacia. Los protagonistas nos cuentan, con un tono que roza el sarcasmo, que el «trabajador», de la CIG, «fue incapaz de ponerse en contacto con la empresa asturiana responsable de gestionar el SAF de Ayuntamiento de Carral, Azvase SL, porque dice que no le cogen el teléfono». Una excusa que, sinceramente, haría sonrojar al teleoperador más inexperto. ¿Será que el móvil de la empresa tiene filtro de llamadas sindicales?
Pero la «gestión» del «trabajador» de la CIG no es la única heroica hazaña que relatan las trabajadoras. Anteriormente, ya se sintieron «desprotegidas por una «trabajadora» de CCOO», por esa razón cambiaron al sindicato nacionalista. Parece que la línea que separa la defensa del trabajador de la «amistad» con las empresas se ha vuelto sorprendentemente difusa en ciertos despachos sindicales.
La conclusión de las trabajadoras, lapidaria y tristemente certera, no deja lugar a dudas: «Cada vez más, es de pena que los sindicatos en vez de velar por los trabajadores, den vía libre a los sin sentidos que hacen las empresas».
Así, sin votaciones ni representantes, las trabajadoras del SAF de Carral han optado por el camino de la unión y la fuerza. Han decidido que, si la defensa de sus derechos no llega por la vía tradicional, el único camino es contratar a un abogado laboralista, como hizo la trabajadora despedida, que nada tiene que ver con los sindicatos tradicionales. Esta situación es un episodio más que invita a reflexionar sobre el papel actual de ciertos sindicatos y, a la vez, celebra la capacidad de resiliencia y empoderamiento de quienes, a pesar de todo, siguen luchando por sus derechos laborales.
En un giro inesperado de los acontecimientos, parece que en Carral, las trabajadoras del SAF han invertido los roles, despedir a los sindicatos. He sido testigo de huelgas, despidos de empleados y cierres de empresas, pero ¿un sindicato despedido por sus propios afiliados? ¡Eso sí que es una novedad en el mercado laboral! Un aplauso para las trabajadoras que, ante la inacción sindical, decidieron que si no les defendían bien, al menos que no estorbaran.
Una muestra clara de que la precariedad no solo afecta a los empleados, sino que, en ocasiones, también contagia a sus supuestos defensores. Quizás deberíamos añadir esta peculiar «liquidación por bajo rendimiento» a la lista de hitos de la historia del sindicalismo. ¡A ver quién se atreve ahora a decir que las trabajadoras no tienen iniciativa!