La economía española, con esa tozudez que la caracteriza, ha vuelto a desmentir a sus más fervientes agoreros. Aquellos que, con el ceño fruncido y las manos en la cabeza, nos vaticinaban un apocalipsis laboral tras cada subida del salario mínimo interprofesional (SMI), deben estar hoy digiriendo una cifra tan indigesta como irrefutable, el número de cotizantes a la Seguridad Social ha alcanzado un hito histórico.
Sí, lo sabemos, es un golpe bajo para los «videntes políticos» y sus eslóganes catastrofistas. La realidad, tan molesta a veces, insiste en mostrar que el barco español no solo no se hunde, sino que parece navegar con brío en los mares de las mejores economías del mundo. Es casi como si el Gobierno de Sánchez, en materia económica, se hubiera sacado un sobresaliente, algo difícil de encajar para quienes tienen el «España se hunde» como mantra matutino.
Estas cifras, conocidas hoy, deberían servir de tranquilizante para aquellos que se dedican con fruición a hundir España en cada tertulia y cada tuit. Porque, miren ustedes, España no es una simple banderita en la muñeca. España es, ni más ni menos, empleo, economía, y todo aquello que genera el estado del bienestar. El resto, estimados profetas del desastre, no son más que «chapuzas dialécticas» para seguir aireando fantasmas.
Así que, mientras algunos siguen empeñados en descorchar la botella del Apocalipsis, los trabajadores de este país, con su afiliación a la Seguridad Social, demuestran que el tan temido hundimiento es, por ahora, una simple anécdota en el cuaderno de bitácora de una economía que, contra todo pronóstico alarmista, parece ir viento en popa. ¡Qué fastidio para los que esperaban el naufragio!