Ella es la cámara. Por Jesús Suárez

a@jsuarez02111977

No hay dedos que disparen.
No hay cuerpo detrás del visor.
Hay una mujer que ha dejado de estar al otro lado de la lente para volverse ella misma la lente.

Ya no lleva una cámara.
Ella es la cámara.

Se fundió con el objetivo.
El obturador late como un corazón en su pecho.
Ve con luz. Respira en encuadres.
Camina por las aceras de A Coruña como si cada baldosa fuera un lugar sagrado donde puede ocurrir algo hermoso, algo frágil, algo irrepetible.

No dispara para capturar el mundo, sino para revelarlo.
Cada imagen suya es un acto de presencia, un fragmento de existencia que ella transforma en memoria.
No fotografía escenas: fotografía verdades.
La sal en los cristales, el gris exacto de un cielo cansado, una gaviota suspendida en el aire como un pensamiento a punto de irse.

Ella no elige qué ver.
El instante la elige a ella.
Y entonces pulsa.

No se protege tras el visor.
Se ofrece.
Cada foto es un pedazo de piel, una cicatriz que late.
Su cámara no tiene filtros, tiene pasado.
Tiene habitaciones blancas, agujas, miedo.
Y también coraje.
Coraje para mirar la belleza cuando todo alrededor tiembla.

En sus imágenes no hay artificio.
Hay un silencio limpio, un respeto profundo por la luz.
Y una ternura feroz hacia las cosas que pasan sin que nadie las mire.

No se limita a mostrar lo que ve.
Nos enseña cómo mirar.

A Coruña, contigo, se vuelve otra.
Se vuelve íntima.
Se vuelve humana.
Tiene alma, porque tú se la prestas.
Tú la escuchas, la sientes, la detienes antes de que se nos escape.

Gracias, Carmen, por fotografiar esta ciudad con los ojos del alma.
Gracias por regalarnos instantes que para muchos pasan de largo,
pero que para ti aparecen como milagros discretos,
y los salvas.
Los haces eternos.
Gracias por mirar por todos.
Por estar donde nadie mira.
Y por quedarte.

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