La memoria de Bernardo: la historia de un #cubano hijo de españoles, #gallego y #asturiana, marcado por la #Revolución

El reloj marcaba las cuatro de la tarde cuando llegué a esta localidad costera, con el sol apretando fuerte y el deseo de encontrar una casa donde alojarme antes de darme un chapuzón en la playa. El azar me llevó a la puerta de Don Bernardo, un hombre que, a sus 76 años, guarda en su memoria no solo la historia de su familia, sino también la de un país que cambió para siempre.

Lo encontré de la forma más casual: un chico en bicicleta me ofreció alojamiento y, poco después, estaba sentado frente a Bernardo y su mujer, en una amplia casa situada a apenas 30 metros del mar. La primera impresión fue de sencillez y hospitalidad. Me mostró la habitación que alquilaba a turistas, equipada con lo básico: televisor, nevera de la época soviética, aire acondicionado. Sin darle demasiadas vueltas, acepté quedarme. No sabía entonces que, además de un techo, estaba a punto de descubrir un testimonio único.

Nada más instalarnos, Bernardo nos invitó a un café fuerte, de esos que despiertan cuerpo y alma, y poco a poco comenzó a contarme su vida. Entre sorbo y sorbo, emergió una historia marcada por el esfuerzo, la prosperidad y, finalmente, la pérdida.

Su padre había llegado desde Noya, Galicia, y su madre desde Asturias. Como tantos emigrantes españoles en Cuba, trabajaron duro hasta construir un futuro. Con el tiempo, lograron hacerse con la concesión de la Coca-Cola en Guanabo y en los pueblos aledaños, situados a unos 30 kilómetros de La Habana. Aquello no solo significaba prosperidad económica, sino también un símbolo de modernidad en la Cuba de mediados del siglo XX.

Bernardo recordaba con orgullo los reconocimientos que recibió su padre. Uno de ellos, un diploma de la cervecera La Tropical al cumplir 50 años de fundación, destacaba su “honradez, perseverancia y amor al trabajo”. Ese papel, enmarcado en el salón, era para él mucho más que un recuerdo: era la prueba de una vida de sacrificios recompensados. También me mostró fotografías de su equipo de béisbol, patrocinado por Coca-Cola, que jugaba torneos locales y era motivo de alegría para toda la comunidad.

Su propia incorporación al negocio familiar fue, como él mismo cuenta, fruto de una lección de disciplina. Un día, siendo joven, le confesó a su padre que quería trabajar con él. Al amanecer siguiente, a las seis de la mañana, ya lo esperaba para comenzar la jornada. El cansancio lo venció y no logró levantarse al día siguiente, pero su padre lo obligó a cumplir con el horario desde entonces. “Nunca más volví a fallar”, asegura, con una mezcla de nostalgia y orgullo.

El gallego de Noya sentenció: “Estos son comunistas y nos lo sacarán todo”

Los recuerdos de prosperidad, sin embargo, se ensombrecen al llegar a 1959. El día que Fidel Castro pronunció su primer discurso, su padre sentenció: “Estos son comunistas y nos lo sacarán todo”. Su esposa le pidió vender todo y regresar a España, pero él quiso esperar “unos meses”. Fue un error. Apenas tres meses después, los militares confiscaron los camiones, la mercancía del almacén y casi todas sus propiedades. Solo les permitieron conservar una de sus dos casas.

Al llegar a este punto de la narración, a Bernardo se le humedecen los ojos. Evoca la imagen de su padre sentado frente a lo que había sido su negocio, con la cabeza agachada, viendo cómo transcurría la vida después de perder todo por lo que había trabajado. Es una herida que, pese a los años, sigue abierta.

Hoy, Bernardo vive de manera sencilla, alquilando habitaciones a turistas y compartiendo café y conversación con quien quiera escuchar. Su vida es testimonio de una generación que vio cómo el esfuerzo de décadas se desmoronaba de un día para otro. Pero también refleja la fortaleza de quienes, pese a las adversidades, se aferran a la memoria para no dejar que su historia desaparezca.

En su casa, entre diplomas amarillentos, fotos de béisbol y recuerdos de una Cuba distinta, Don Bernardo conserva lo que ni la Revolución ni el tiempo le pudieron arrebatar: la dignidad, la memoria y la capacidad de contar su historia

Comparte éste artículo
No hay comentarios