El Taller, treinta años contigo

@jsuarez02111977

Te conocí a mediados de los noventa, cuando en Cordelería 41 abriste la puerta por primera vez. Venías de las cenizas de O’Patacón, aquel antro de guitarras, humo y noches interminables. No necesitaste bautizo solemne: bastó un cartel viejo de “Taller de reparaciones” y unos relojes colgados para que los parroquianos te pusieran nombre. Desde entonces, fuiste El Taller.

Contigo aprendí que un bar no se mide por la decoración ni por la etiqueta de la botella, sino por la fauna que lo habita. Tus paredes se llenaron de placas metálicas recogidas por medio mundo, de una Vespa plantada frente a la barra como quien vigila la madrugada, de blues a media tarde y de flamenco roto a las seis de la mañana. Entre tus mesas se mezclaron Antonio Gala, actores de paso, músicos de Danza Invisible, marineros con la paga temblando y vecinos que buscaban refugio en tu penumbra.

Nunca me mentiste. En 1998 me enseñaste lo que era un Carnaval de verdad: máscaras improvisadas, copas baratas y una vela de cera creciendo como tótem profano. No hacías falta más que tu barra y el desparrame de una ciudad que aún no se había domesticado.

El 14 de septiembre de 2018 casi te pierdo. El incendio te dejó ennegrecido, se llevó por delante el mural de Jaime Cabanas y a muchos nos arrancó el alma por unas horas. Pero no caíste. Carolo y tus amigos te limpiaron, te levantaron y volviste a abrir como si el fuego hubiese sido solo una resaca más. Desde entonces, cuando entro en ti, sé que no hay llamas que puedan contigo.

En 2019 cumpliste 25 años. En 2024, treinta. Dices que no sabes si aguantarás otra década, pero lo mismo dijiste diez años antes. Yo sé que seguirás en pie, de miércoles a sábado, viendo cómo la ciudad se llena de bares de diseño donde nadie se emborracha de verdad. Tú no compites con ellos, no lo necesitas. Tú sigues siendo refugio, guarida y trinchera para los que sabemos que la noche no se cuenta: se vive contigo.

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