Sáhara: La traición perenne de España

De Franco al mismísimo Pedro Sánchez, la historia del Sáhara Occidental es la crónica de medio siglo de dislates, contradicciones, traiciones y opresión. Se trata de un pueblo que sigue esperando su sagrado derecho a la autodeterminación, prometido a las viejas colonias invadidas por los imperios con sangre y fuego.

El Sáhara Occidental es una región del norte de África, ubicada en el extremo occidental del desierto del Sáhara. Continúa siendo uno de los diecisiete territorios no autónomos bajo la supervisión del Comité Especial de Descolonización de la ONU. Este estatus le fue otorgado el 15 de diciembre de 1960 por decisión de la Asamblea General de las Naciones Unidas, incluso cuando aún era considerada una provincia española con representación en las Cortes de Franco.

Desde el punto de vista legal, España sigue siendo la potencia administradora y, como tal, tiene las obligaciones recogidas en la Carta de Naciones Unidas hasta que finalice el periodo de descolonización. Esta posición ha sido ratificada tanto por los órganos jurisdiccionales españoles como internacionales.

Hace 50 años, con el dictador agonizando y el país temeroso de su futuro, el sátrapa casi feudal Hassan II dictó la Marcha Verde. Fue una invasión de facto, utilizando miles de civiles desarmados para entrar en territorio saharaui y, en aquel momento, español.

Achantamiento regio

Juan Carlos I, entonces jefe del Estado en funciones, se doblegó. Temeroso de una guerra con Marruecos y ocupado en asegurar el inicio de la Transición, hincó la rodilla.

De esta forma, el proceso de descolonización fue interrumpido justo antes del fallecimiento del Caudillo en 1975, cuando España abandonó el Sáhara Occidental y a sus gentes a merced de Marruecos y Mauritania mediante los Acuerdos de Madrid, considerados nulos según el Derecho Internacional.

Desde entonces, el territorio está ocupado, en su mayor parte, por Marruecos, contraviniendo la legalidad internacional. El Frente Polisario, defensor de los derechos saharauis, sigue luchando por una autodeterminación que hoy parece casi utópica.

Ahora, Pedro Sánchez, movido por vete a saber qué oscuros motivos, ha reforzado este abandono. Ha entregado de nuevo a los saharauis, esta vez a merced del hijo del viejo sátrapa: Mohamed VI, un émulo de su padre, pero más dictador, vicioso, vago y caprichoso.

La última vuelta de tuerca se ha dado recientemente. La Unión Europea rubricó un principio de acuerdo con Marruecos que incluye ventajas para que todo tipo de productos del Sáhara, legalmente ocupado, sean vendidos en Europa en condiciones muy favorables para el reino alauí.

Perjuicios para agricultores españoles

Esto perjudica directamente a agricultores españoles y europeos, especialmente a los productores de tomate, abocados a perder millones de euros por una competencia desleal. Los productos saharauis —frutas y verduras— entran con sello marroquí, en envases opacos, con condiciones de producción precarias y a precios irrisorios.

La UE, por tanto, bendice la llegada de alimentos de una nación ocupada para el provecho del Gran Mohamed, cuya tiranía ya es cuestionada por miles de jóvenes que se manifiestan contra la miseria, la arbitrariedad y la falta de futuro.

¿Y qué hace Pedro Sánchez ante tal coyuntura? Silencio. No sabe, no contesta. La traición perenne puede durar décadas; la dignidad y la justicia con los oprimidos, lamentablemente, suelen ser mucho más efímeras.

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