El punto in extremis logrado en Riazor ante el Real Valladolid (1-1) ha actuado como una simple tirita sobre una herida profunda, a juzgar por el ambiente de desesperación y la crítica unánime que rodea al Deportivo de A Coruña. Si bien el gol de Yeremay en el descuento rescató un empate, la afición blanquiazul no acepta un resultado que «disfraza la triste realidad» de un equipo sin aparente dirección y rumbo.
El empate ante el Valladolid, relegando al Deportivo a la octava posición, ha sido la gota que colma el vaso, confirmando un patrón de comportamiento que ya he comentado sobre los resultados de los últimos partidos, la falta de intensidad inicial y la reacción tardía del entrenador
La frustración radica en que los errores cometidos en el feudo coruñés replican, por tercera vez en poco tiempo, los fallos que ya costaron puntos en campos como el del Málaga y Santander. Ante el fulgurante comienzo de temporada, los doctos dirigentes del RC Deportivo hincharon pecho, hablaban más que los loros, ahora que pintan bastos y se lo partieron, se esconden detrás del telón del escenario de la vergüenza.
Te puede ganar el Málaga porque sales sin intensidad, y cuando quieres reaccionar, es tarde. Te pasa lo mismo en Santander, e Hidalgo sin encontrar el libro en la biblioteca, pero lo inaceptable, es que la lección no se haya aprendido y el problema se repita en Riazor otra vez, ante sus incondicionales y frente a un rival directo.
La situación, lejos de ser un bache, es vista como una crisis estructural. Si el problema se repite con tanta insistencia, la responsabilidad ya no se achaca a la plantilla, es ya un problema del que dirige el tinglado y tiene apellido, Sr. Hidalgo. Lo he dicho por activa y pasiva, Hidalgo ante la adversidad se achica. Es buen entrenador y que se sacuda el síndrome deportivista, de no hacerlo, mal lo va a pasar el «mister».
La expresión de «alarma» posiblemente sea exagerada, pero resume la gravedad del momento y eleva la crítica directamente a la gestión deportiva y técnica. La afición recuerda el esfuerzo económico realizado en verano para configurar un equipo llamado a luchar por el ascenso. ¿Será esta situación una nube de verano para pillar carrerilla e ir como la locomotora del AVE hacia el tan ansiado ascenso? La respuesta la tiene el entrenador.
El punto conseguido ayer no ofrece consuelo ni tranquilidad. Al contrario, aumenta la presión sobre el cuerpo técnico y la dirección deportiva. El mensaje final es un ultimátum velado a Hidalgo, dejando la pelota en el tejado de los gestores, la paciencia en Riazor se ha agotado, veremos cuanto dura la de Juan Carlos Escotet.
El equipo por encima del individuo
El impacto de Yeremay ha sido innegable, con sus dos goles en los dos últimos partidos jugados Riazor, el ’10’ ha logrado sumar dos puntos vitales para el Dépor, de los doce en juego, ejerciendo de salvavidas. Sin embargo, estos chispazos individuales no consiguen ocultar las carencias estructurales del conjunto. La base del análisis se asienta en la esencia del fútbol, es el juego de equipo y de solidaridad, cuya eficacia se mide durante noventa minutos. Nadie cuestiona el talento y la capacidad de Yeremay, es crucial evitar convertirlo en una especie de Superman obligado a resolverlo todo. El talento debe sumarse al colectivo, pues la solidaridad en el juego y la capacidad de buscar la mejor opción, es fundamental para que un equipo logre la regularidad en la victoria.
Fotografía, RC Deportivo
Dios mío que comentario , en fin el mundo está lleno de sabios