Os presentamos Los últimos días de los dinosaurios. Un asteroide, extinción y el comienzo de nuestro mundo de la escritora científica estadounidense Riley Black, un viaje a través de lo sucedido tras el impacto del asteoride que terminó con los dinosaurios.
Hace 66 millones de años un asteroide de más de once kilómetros de longitud se estrelló contra la Tierra dejando una herida geológica de más de ochenta kilómetros de diámetro. En la extinción masiva que derivó del impacto, más de la mitad de las especies conocidas desaparecieron durante la noche.
Black narra cómo aquel día terrible en la historia de la vida en el planeta fue tan crítico para nosotros como lo fue para los dinosaurios, ya que permitióoportunidades evolutivas que habían estado cerradas millones de años.
«Literatura científica de primer nivel».
PUBLISHERS WEEKLY
«Para cualquier persona interesada en la ciencia de la extinción o la transición desde la edad de los dinosaurios hasta la edad de los mamíferos».
SCIENCE MAGAZINE
«Interesante y accesible, se basa escrupulosamente en la información recopilada por paleontólogos, geólogos, astrónomos, físicos y ecologistas».
SCIENCE NEWS
Los últimos días de los dinosaurios reconstruye las consecuencias inmediatas y a largo plazo del impacto que marcó el fin del Cretácico y transformó la vida en la Tierra. Riley Black guía al lector a través de los días, meses, siglos y millones de años posteriores al choque del asteroide con la península de Yucatán, mostrando cómo la vida sufrió una destrucción masivay, al mismo tiempo, encontró formas de adaptarse y renacer.
Aquel cataclismo ocurrido hace 66 millones de años supuso el fin de la era de los reptiles y el inicio de la era de los mamíferos. La desaparición de los dinosaurios fue solo la punta del iceberg: la catástrofe afectó prácticamente a todos los entornos, incluso a los océanos. Los pocos animales que se salvaron mostraron una notable resiliencia, abriendo un nuevo capítulo evolutivo.
El impacto fue abrupto: viajaba a 20 km/s y generó un pulso de calor capaz de aniquilar al instante a cualquier ser vivo que no estuviera bajo tierra o sumergido en el agua. A esto le siguieron incendios forestales masivos y lluvias ácidas provocadas por aerosoles de sulfato liberados en la atmósfera.
El eje central del libro es el relato no solo de la destrucción provocada por el impacto, sino también de los signos de recuperación que darían origen a los ecosistemas actuales. Black combina observación científica y especulación fundamentada con descripciones vívidas de animales individuales, imaginando sus vidas en medio del desastre.
Tras la primera hora, la mayoría de los animales grandes había muerto. Los supervivientes, como cocodrilos, tortugas y champsosaurios, hallaron protección parcial en ríos y lagos, mientras pequeños mamíferos nocturnos buscaban madrigueras y resquicios entre la vegetación calcinada. Así, la vida empezaba a mostrar sus primeros signos de adaptación a un mundo en ruinas. Sin embargo, el auge de los mamíferos no estaba asegurado, y reconstruir ese proceso sigue siendo un desafío científico.
Tal como señala la autora, buena parte de nuestra era actual debe su existencia a la destrucción del límite K–Pg. El mundo que conocemos surgió de las oportunidades evolutivas que siguieron al impacto. Con frecuencia, prestamos atención solo a lo que se perdió y olvidamos los procesos de recuperación: las razones por las cuales algunos sobrevivieron y otros no.
Sin las oportunidades evolutivas que surgieron tras el impacto, la era de los mamíferos —y, por tanto, la nuestra— no habría existido. Aquel día fue tan decisivo para nosotros como lo fue para los dinosaurios.
El libro alterna momentos de destrucción y recuperación, como una oda a la resiliencia que sigue al desastre, iluminando los procesos ecológicos que marcaron aquella época y trazando, al mismo tiempo, un paralelismo inspirador con nuestra propia capacidad de sobreponernos a la adversidad. Al igual que los dinosaurios, viajamos en el sentido unidireccional del tiempo y estamos sometidos a su dictado.
«El episodio que nos ocupa se trató de un impacto sin precedentes, totalmente diferente a cualquier otro que aconteciera antes y que acontecería después. Si el asteroide hubiese pasado de largo o chocado en otro lugar del planeta, la devastación de hace 66 millones de años no se habría producido o, como mínimo, habría sido diferente. Incluso en el caso de que la extinción no hubiese sido masiva y solo hubiera desaparecido la mitad de las especies de dinosaurios no avianos, no hay motivos para creer que los saurios no habrían sido capaces de recuperarse y de generar nuevas formas, que poblarían el planeta hoy en día en una historia alternativa en que la era de los dinosaurios nunca terminó. Sin duda habría mamíferos, como también los había en el apogeo de los dinosaurios, pero sus opciones evolutivas seguirían siendo escasas al tener que compartir el mundo con los dinosaurios».