“Las máquinas, aún las más perfectas, son máquinas, no son sujetos de deberes ni derechos ni pueden ejercitar la responsabilidad”

Así lo aseguró la catedrática Milagros Otero Parga, en su conferencia sobre la IA con la que abrió esta tarde el Curso Académico de la RAGJYL 25/26.

La llegada de la Inteligencia Artificial y la generalización de su uso, con el reconocimiento indiscutible de las ventajas que su utilización conlleva y las alertas que, al tiempo, despiertan su poder y dominio sobre la especie son materia de debate en la sociedad actual. Y qué mejor que transitar por las reflexiones sobre todo esto de la mano de la catedrática de Filosofía del Derecho de la USC, Milagros Otero Parga. Ella, como académica numeraria de la institución, fue la encargada de pronunciar esta tarde la conferencia de Apertura del Curso 2025/2026 de la Real Academia Gallega de Jurisprudencia y Legislación, preguntándose si puede la IA sustituir a la mente humana y desgranando las implicaciones de la Inteligencia Artificial en materias tan delicadas como los derechos fundamentales y la ética. 

Centrándose en el ámbito de lo jurídico, Milagros Otero destacó el papel de la IA en la ordenación y simplificación del lenguaje y en su utilidad como asistencia en la decisión. “Con estos sistemas se facilita y se hace más segura la actividad de los operadores jurídicos”, explicó, para insistir en que, sin embargo, ninguna IA puede sustituir la íntima convicción o el sentimiento de justicia que debe tener un jurista. “Las emociones no pueden traducirse, preverse o contemplarse por una máquina. Lo mismo sucede con un estado de ánimo”.

Si la Inteligencia Artificial, explicó Otero Parga, se centrase en sus dos objetivos principales, el tecnológico y el científico “no nos estaríamos preguntando si su capacidad superará la humana; pero debemos hacerlo pues se está poniendo en entredicho nuestro concepto de humanidad y su futuro”. No obstante, y frente a los pensadores convencidos de que la IA tiene mucho más que ofrecer al ser humano que su pobre mente, falible y limitada, la experta tranquilizó a los asistentes asegurando confiar más en la mente humana porque “con sus fallos e imperfecciones es humana, y por lo mismo está dotada de posibilidades como inteligencia, voluntad, sentido común, capacidad de improvisación, sentimientos, sensaciones… que le están vedados a las máquinas”. Otero Parga invitó a la precaución para que la IA no acabe interfiriendo en el desarrollo de los derechos humanos y en el respeto por la ética en las actuaciones de los poderes del Estado.

La IA, aseguró, ha puesto en desequilibrio claro los derechos humanos fundamentales, y no sólo el de la libertad versus seguridad, sino otros muchos. El uso de internet ha afectado a la protección de datos, permitido el acceso a contenidos lícitos e ilícitos…aporta muchos beneficios pero también produce muchos daños que afectan a la parte más sensible del ordenamiento jurídico, esto es, la protección de los DDHH” señaló Milagros Otero. Un mal manejo de la IA, en un marco además de tensión entre la iniciativa pública y el sector privado, puede vulnerar el respeto al principio de igualdad, permite la aparición de sesgos o discriminaciones en el sistema e incluso dificulta la determinación de la responsabilidad patrimonial de la administración en algunos supuestos de uso de organismos autónomos o de decisiones tomadas por algoritmos, añadió, aludiendo también a los riesgos de un mal uso respecto a los derechos derivados de la personalidad. “Pensemos en los sistemas de reconocimiento de voz, en el testamento digital, en el control de reos usando dispositivos electrónicos…”. Pese a todos esos riesgos, “el uso de la IA es imprescindible, pero usándola como una técnica, dominándola”.

¿Podría la IA aprender a ser moral? ¿Se puede atribuir responsabilidad moral a una máquina? En opinión de Otero Parga, “no importa que la IA ofrezca más soluciones, en un período más corto de tiempo, y más seguras, e incluso objetivas. No importa que la IA sea más rápida, que no se deje sorprender por emoción alguna, y que no tenga problemas de conciencia. No importa, porque el ser humano es y debe seguir siendo el rey de la creación y, por lo mismo, debe dominar todas las cosas creadas, y no dejarse dominar por alguna de ellas”. La catedrática de Filosofía del Derecho concluyó su intervención insistiendo en una idea: “las máquinas, aún las más perfectas, son máquinas y, por lo mismo, no son sujetos de deberes ni de derechos y no pueden ejercitar la responsabilidad”. En coincidencia con Coelckelberg y con Arendt cerró la conferenciante su intervención: “La IA es buena a la hora de reconocer patrones, pero la sabiduría no se puede delegar en las máquinas”; “Es necesario defender nuestra facultad de juicio”.

El acto oficial de apertura del Curso Académico 2025/2026 de la RAGJYL estuvo presidido por el magistrado del Supremo José Luis Seoane Spiegelberg y durante el mismo y previamente a la conferencia de Milagros Otero “Inteligencia artificial y Operadores Jurídicos: un reto que es necesario enfrentar”, el secretario de la institución, Miguel Ángel Pérez Álvarez dio lectura a la memoria académica del ejercicio anterior.

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