La Isla Dividida es un documental que explora uno de los conflictos territoriales más prolongados de Europa, centrándose en las consecuencias humanas, políticas y sociales de la partición de la isla desde 1974. La obra recoge decenas de testimonios de personas de ambos lados de la isla y ofrece entrevistas con figuras de alto nivel político, incluyendo a los líderes de las dos comunidades chipriotas y el máximo responsable de la ONU en Chipre. La película se estrenó bajo el auspicio de Naciones Unidas en la zona desmilitarizada que separa el norte y el sur de Chipre y ha tenido amplia repercusión internacional por su enfoque humano y riguroso sobre un conflicto que sigue vivo más de cincuenta años después de su inicio.

¿Qué te llevó a tomar la decisión de denunciar públicamente el uso indebido de las concertinasen Chipre?
La filmación del documental Chipre, la isla divididame obligó a mirar de frente una realidad que Europa prefiere ignorar. Ver concertinas en zonas residenciales y sensibles como un parque infantil donde cualquier niño podría resultar herido o escuchar testimonios de personas heridas por las cuchillas me hizo comprender que no basta con documentar: hay que actuar. El uso de concertinas es incompatible con los principios fundamentales de dignidad y protección que dicen guiar a la Unión Europea, incompatible con la Declaración Universal de los Derechos Humanos y que incumple varias resoluciones de Naciones Unidas, tanto informes del Secretario General como del Consejo de Seguridad.
¿En qué momento decides que podrías acudir al Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas?
En el momento en que hay una resolución del Consejo de Ministros de octubre de 2024 que dice que esas concertinas serían retiradas y no se ha cumplido. Además obtengo el compromiso público en una entrevista del presidente de Chipre, NikosChristodoulides, y a la vista está que su palabra no tiene ningún valor porque muchos meses después las concertinas no se han retirado, ni dentro de la Linea Verde, ni fuera en zonas residenciales y sensibles.
¿Crees que la comunidad internacional está mirando hacia otro lado?
Absolutamente. Chipre es un punto geopolítico sensible, y muchos prefieren no generar tensiones. Pero mirar hacia otro lado también es una forma de complicidad. Mi intención con el documental y con la denuncia es romper ese silencio. No puede ser que la Unión Europea ayude a otros países del mundo a resolver sus conflictos y con un estado miembro de pleno derecho como Chipre mire hacia otro lado desde hace más de cincuenta años.
Tú insistes en hablar de “responsabilidad europea”, no solo chipriota. ¿Por qué?
Porque Chipre no actúa en un vacío político. La UE avala, financia o permite ciertas prácticas “fronterizas”. Señalar únicamente a Chipre sería hipócrita. Europa crea los marcos; los Estados los ejecutan. Si queremos soluciones, deben ser colectivas.
¿Qué esperas lograr con una denuncia ante la ONU?
Principalmente espero no tener que llegar a poner esa denuncia y que el Presidente cumpla su palabra, pero la verdad es que no me lo está poniendo nada fácil y con la investigación que estoy llevando a cabo he descubierto que Chipre vulnera los Derechos Humanos es más aspectos además del asunto de las concertinas. Que se reconozca que las concertinas violan derechos humanos básicos y que se exija su retirada sería sin duda una pequeña victoria, pero también busco establecer un precedente que obligue a revisar las políticas de control fronterizo en toda la Unión Europea.
¿Has recibido presiones o advertencias tras anunciar esta intención?
Sí, algunas sutiles y otras no tanto. Desde mensajes anónimos hasta insinuaciones de que “conviene no tensar más la situación”. Pero el periodismo no puede plegarse al miedo. Si dejamos de denunciar abusos, perdemos nuestra función social.
¿Tienes miedo?
A ver, el miedo es algo humano. Pero soy suficientemente cabal y templado como para saber en qué momento debo dar determinados pasos. Si tuviera miedo no podría dedicarme a esto.
En su opinión, ¿por qué las concertinas siguen utilizándose si su eficacia es tan cuestionada?
Porque generan una ilusión de control. Son un símbolo, no una solución. Y es muy triste que un estado decida mantener esas concertinas poniendo en peligro a sus ciudadanos y visitantes por una campaña de márqueting. Políticamente es más rentable mostrar dureza que abordar las causas que llevan a miles de personas a estar separadas. Las concertinas funcionan como propaganda, no como política humanitaria ni como solución de este conflicto.
¿Cómo ha reaccionado la ciudadanía chipriota ante su documental?
Muchos ciudadanos se han mostrado críticos con la política de su gobierno y agradecen que se dé visibilidad internacional al problema. Otros, en cambio, creen que denunciar estas prácticas “daña la imagen del país”. Creo que la verdadera imagen se daña cuando se vulneran derechos fundamentales. En general todos los chipriotas, hablen griego o turco nos han tratado estupendamente y son gente maravillosa. Nosotros no estamos de ningún lado, aunque algunos interesadamente lo insinúen. Solo pretendemos ayudar a solucionar el problema, sin olvidar exigir a los políticos que cumplan su palabra.
Si Chipre accediera a eliminar las concertinas, ¿consideraría que su lucha ha tenido éxito?
Sería un paso enorme, pero no el final. Para mí el final es que ambos lados consigan sentarse y escucharse, tal vez no olvidar, pero sí perdonar y pensar en cómo construir un Chipre unido de nuevo. Siempre digo que si el mundo consiguió perdonar lo que países como Alemania hicieron durante la Segunda Guerra Mundial esto no debería ser tan difícil de solucionar, pero claro ¿interesa solucionarlo?

¿Qué mensaje le gustaría enviar a las instituciones europeas?
Con que hicieran algo me conformaría. Que no se escondan detrás de tecnicismos. La defensa de los Derechos Humanos no es negociable. Si Europa quiere ser un referente moral en el mundo, debe predicar con el ejemplo. Y el primer paso es dejar de herir cuerpos y dignidades en sus fronteras.
¿Y al Presidente de Chipre?
Que, si no es capaz de cumplir su palabra, que sea valiente, que tenga un mínimo de dignidad y que dimita, los chipriotas se merecen a un presidente que vele por sus derechos e intereses no solo que se dedique a hacerse fotografías mientras viaja por el mundo.