El Pazo de San Marcos se está quedando pequeño para tanto ego y tan poco acompañamiento. José Tomé ha vuelto a presidir la Junta de Gobierno de la Diputación de Lugo, pero esta vez con un despliegue de masas que ríete tú del Madison Square Garden: solo tres diputados. En un alarde de «poderío», el presidente sigue aferrado al timón de un barco cuya tripulación parece haber saltado por la borda o estar escondida en las almenas. Dicen que su salida se complica, y no es para menos: con lo poco que abultan ahora las reuniones, como se descuide, la próxima Junta de Gobierno la celebran en la barra de un bar o en el ascensor del Pazo.
En Lugo se practica el minimalismo institucional. ¿Para qué queremos una corporación entera si Tomé se basta y se sobra con tres fieles para decidir el destino de la provincia?
Es una escena digna de esa «charlotada» berlanguiana, el capitán insistiendo en que el barco navega recto mientras los botes salvavidas ya están en la costa. A este paso, la salida de Tomé no será una dimisión, será un ejercicio de desaparición por falta de quórum. Eso sí, el último que apague la luz… si es que el BNG les deja apagar el interruptor.
Una vez más, la charlotada política de Lugo roza el esperpento. Que nadie se engañe, detrás de esta parodia está el sueldo de los diputados provinciales que «apoyan» a Tomé. A esto ha llegado la política en Lugo, a aferrarse los políticos al sillón cobrando del erario público (tus impuestos y los míos), sin ponerse colorados.