Muchos pensaron que el socialismo gallego ya había tocado fondo, pero la realidad es tozuda, el suelo sigue hundiéndose. El PSdeG atraviesa un momento gris que parece no tener fin, con un Gómez Besteiro que, emulando la estrategia de Pedro Sánchez, opta por una huida hacia adelante sin indicios de rectificación. El panorama nacional no ayuda; el desplome en Extremadura y los malos augurios en Aragón, Castilla y León y Andalucía dibujan un escenario desolador que amenaza con un «efecto arrastre» capaz de llevarse por delante a los alcaldes gallegos en las próximas municipales.
El laberinto coruñés y el «fuego amigo»
La comparativa es inevitable: ¿por qué la prontitud de actuación en Barbadás frente a la pasividad en A Coruña? Besteiro se ha mostrado incapaz de tomar decisiones en la ciudad herculina, donde el «fuego amigo» contra Inés Rey parece ser la tónica dominante. Resulta llamativo que las denuncias internas se canalicen por vías de partido y no judiciales; un detalle que hace reflexionar a la ciudadanía sobre la verdadera naturaleza y gravedad de estos movimientos.
Un mapa de contestación interna
El socialismo gallego es hoy un archipiélago de descontentos:
- A Coruña: División total. Los apoyos de Valentín Formoso marcan distancias para evitar salpicaduras, mientras la vía sucesoria sigue sin definirse.
- Santiago: La oposición a la dirección local crece cada día. El entorno de Bugallo y Mercedes Rosón busca apoyos para forzar cambios, mientras voces críticas como la de Julio Iglesias (Ares) se manifiestan con total claridad.
- Ourense: La contestación es demoledora. La dirección autonómica apenas tiene apoyos en una provincia donde los alcaldes y ex cargos se han alineado en bloque contra Santiago.
- Pontevedra: Los bloques se mueven entre la capital y Vilagarcía, mientras el «viguismo» de Abel Caballero permanece en una tensa espera de acontecimientos.
El ocaso en Lugo: el último bastión se agrieta
Quizás lo más preocupante para la actual dirección es la situación en su propia casa. Según fuentes internas, Besteiro y Lara Méndez no aglutinarían ya ni el 30% de los apoyos en la provincia de Lugo. La búsqueda desesperada de respaldo entre los alcaldes ha resultado infructuosa: desde Láncara hasta A Pontenova o A Fonsagrada, la respuesta ha sido el rechazo. A día de hoy, solo Vilalba parece mantenerse como un apoyo relevante bajo la batuta de Eduardo Vidal.
La pregunta ya no es si el proyecto de Besteiro y Méndez está agotado, sino cuánto tiempo más podrán sostener una situación que se ha vuelto, a todas luces, insostenible.