A Antonio Hidalgo se le agota el crédito en la «sucursal» de Abanca Riazor

En el fútbol, como en las finanzas, todo es cuestión de confianza, pero en Riazor el saldo está en números rojos. A Antonio Hidalgo se le agota el crédito y, tratándose de un Deportivo propiedad de una entidad bancaria, está claro que allí de impagos saben un rato.

La advertencia ha sido clara y directa. La vicepresidencia del club ya le ha leído la cartilla a Fernando Soriano: las relaciones actuales entre la planta noble y la dirección deportiva son de todo menos fluidas. El mensaje ha llegado a la caseta con la frialdad de un extracto bancario, un nuevo tropiezo tendrá consecuencias funestas. El «clan de los aragoneses» está en horas bajas, necesitan un empujón para volver a recuperar la ilusión de los deportivistas, pero en esta ocasión, sin hinchar pecho.

En el Mundo del Fútbol no están para prórrogas. Si los resultados no acompañan de inmediato, la estancia de Hidalgo en A Coruña podría llegar a su fin de forma abrupta, ejecutando la cláusula de rescisión bajo el manto, nada divino y muy terrenal, de la voluntad de Juan Carlos Escotet ,que ya se hancansado de malos resultados. Le han vendido como la mejor plantilla del Segunda División y el banquero le ha respondido a Benassi que, ni con una lupa, hasta la fecha podría creerse tal aseveración. En el Dépor de hoy, si no hay beneficios en forma de puntos, el banco no refinancia a nadie.

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