Dicen que una imagen vale más que mil palabras, pero la fotografía que el equipo de comunicación del PSdeG envió a los medios tras su último cónclave vale, al menos, por una legislatura fallida. Si uno aplica el zoom sin piedad, el panorama es desolador: mientras Gómez Besteiro desgastaba el atril, los rostros de su guardia pretoriana eran un poema. Unos mataban el tiempo con el móvil, otros devoraban textos ajenos y Lara Méndez se cruzaba de brazos con esa resignación de quien espera el último autobús de la noche. La instantánea es el retrato fiel de un Partido hecho pedazos; una rosa roja deshojada por el viento de las encuestas. ¿Y el de la derecha de Besteiro? ¡Ay, el de la derecha!, miraba para otro lado jugando con el bolígrafo.
El cónclave despachó unas 45 intervenciones, muchas de ellas con el sello de la «casa». Fueron discursos con mando a distancia, teledirigidos desde la cúpula para simular un apoyo que ya no cotiza al alza. Ahí estuvieron Pedro Blanco (delegado del Gobierno y agradecido deudor de su puesto a Besteiro), Valentín Formoso (presidente de la Diputación coruñesa) o Carlos López (alcalde de A Fonsagrada). Todos cumplieron el guion, pero con esa falta de alma propia de los extras de una película de bajo presupuesto.
Sin embargo, el decorado se agrietó cuando aparecieron los pesos pesados. Inés Rey, la «intocable» de María Pita, exigió hacer política contando con los alcaldes y recuperar un criterio propio para el socialismo gallego. En la misma frecuencia, Blas García (alcalde de Ames) pidió un cambio de timón antes de que el barco termine de hundirse. El cierre corrió a cargo de Lage Tuñas, que pidió apoyo para Besteiro de cara a las municipales como quien pide un milagro en procesión. Tras escuchar a Rey y a Tuñas, a Besteiro solo le faltó sacar el recogedor y la escoba para limpiar los pétalos marchitos que habían quedado esparcidos por la sala.
En el bando crítico, el deporte nacional es esperar. Son cada vez más, pero siguen sin ponerse de acuerdo en quién debe heredar el mando. Mientras tanto, la demoscopia se ha vuelto cruel, vaticina el peor resultado de la historia en Santiago, Ferrol se da por perdido y A Coruña empieza a temblar (El Mundial 30 acojona) El riesgo de perder hasta tres diputados provinciales en los partidos judiciales de A Coruña, Santiago y Ribeira, este último, un feudo de Besteiro que se desmorona tras el cambio en la alcaldía, es ya una realidad que quita el sueño.
En Lugo, la cuna del líder, está como el Garañón, derribado, pero aún da coces. El Ayuntamiento y la Diputación penden de un hilo, Monforte peligra y en Vilalba, Burela y Foz las cuentas no salen. Resulta casi cómico que de Burela proceda la previsible nueva presidenta de la Diputación, alguien que pretende dar el salto a la institución provincial sin haber logrado consolidar siquiera su propia alcaldía.
Mientras en Ourense y Pontevedra el puzzle aguanta (con el permiso de un Jácome que amenaza con expandir su marca de «Democracia Ourensana» como una mancha de aceite), la estrategia de los barones socialistas parece clara, dejar que Besteiro se guise y se coma el banquete de 2027. Alguien tendrá que poner la cara para el batacazo electoral. Mientras tanto, el líder espera que Sánchez le lance un salvavidas en forma de cargo en Madrid para dejarle las llaves del PSdeG a Lara Méndez. Eso sí, ojo al calendario, porque en próximas fechas el «show» podría dar un giro de guion inesperado.