Sin César no hay imperio

Socio y Presidente de “Míticos de Riazor”.

En el siglo I a.C., Roma vivía grandes tensiones internas. Imagínense, desigualdades sociales, luchas entre optimates y populares, guerras civiles…Sin embargo, es César quien da el paso decisivo cuando, ya en el 49 a.C., cruza el Rubicón desafiando al Senadoy desatando la guerra contra Pompeyo. Ahí, justo ahí y con ese gesto, se simboliza el punto de no retorno del sistema republicano.

Tras vencer en Farsalia, César no se limita a ganar una guerra, sino que consolida su poder mediante la concentración de cargos, ampliando el Senado o reorganizando las provincias. Digamos que Roma deja de funcionar como una república de equilibrios para girar alrededor de una figura central.

Su posterior asesinato en el 44 a.C. no resta importancia a su papel. Es más, la nueva guerra civil culmina cuando su heredero adoptivo, Augusto, vence en Actium y establece el Principado. Es decir, queridos amigos, que aunque el imperio comienza formalmente con Augusto, el proceso es incomprensible sin César. Él es el que rompe el molde insitucional, personaliza el poder y cambia la lógica política de Roma. Por esto mismo, querer narrar el paso de la República al Imperio sin mencionar a Julio César no tendría el más mínimo sentido.

Esta breve analogía debería hacernos reflexionar sobre cómo se puede pretender inaugurar un museo sobre la historia del club sin contar con el hombre que marcó el antes y el después. Cada uno tiene su opinión sobre los hechos, pero es un dato objetivo el afirmar que jamás seríamos lo que fuimos ni lo que somos (sí, esas gradas llenas) sin Augusto César Lendoiro. Pretender borrar o ignorar su presencia de los éxitos del club no contribuye a reafirmar el poder actual, sino a renegar de nuestra identidad.

Como decía Otto von Bismarck, “Los pueblos que no saben de dónde vienen, difícilmente sabrán a dónde van”.

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