Estamos viviendo tiempos modernos, o como a mí me gusta llamarlos: «La Era del Descaro Supremo». Nuestra querida Isabel Díaz Ayuso, lideresa espiritual de los desayunos con diamantes y los menús de Telepizza, ha decidido que Castilla y León no tiene suficientes problemas con la despoblación. ¿Su solución? Pedir que se alcen en armas (metafóricas, que las otras cansan) para echar a los «vividores» de las instituciones.
¡Vividores! Gritó ella, sin que se le moviera un solo pelo del flequillo. Hay que reconocerle el mérito: tener esa capacidad de soltar la palabra «vividor» mientras te tomas el café en un piso de un millón de euros, presuntamente pagado con las «comisiones de salud» de un señor que quería negociar con Hacienda a lo 007, es, como poco, para darle un Oscar… o una calle en Chamberí.
Si quieres ser un político de éxito en la España de 2026, aquí tienes los pasos a seguir según el «Método Sol»:
- Olvida que hubo 7.291 personas en residencias que, bueno, digamos que «no tuvieron la suerte» de ser trasladadas a un hospital. Si alguien te pregunta, la culpa fue de ellos por no tener seguro privado o por la gravedad de la Tierra.
- Si tu pareja tiene un problemilla con el fisco de esos de «uy, se me olvidó declarar un par de millones», tú mira hacia otro lado y grita: «¡LIBERTAD!». Funciona el 100% de las veces.
- Rodéate de una cohorte de tuiteros y «periodistas» que cobran de la caja común para decir que el vecino es un comunista devorador de niños. Mientras el pueblo se pelea por si el chuletón es de derechas o de izquierdas, nadie pregunta por las listas de espera en el médico.
Estamos viendo una competición olímpica de lanzarse al cuello. La política española ya no es un debate de ideas, es un «Sálvame Deluxe» pero con gente que lleva corbata y pin de la bandera en la solapa. Se lanzan a por el hueso del poder con un hambre que ni el perro de Paulov.
Fuera de nuestras instituciones!», claman unos. «¡Corruptos!», gritan los otros. Y mientras tanto, el ciudadano medio mira su cuenta corriente, suspira y piensa: «¿No habrá un botón de ‘Reiniciar Sistema’ para este país?».
Lo más triste de todo es que, entre tanto ruido de redes sociales y tanto «vividor» señalando con el dedo al de enfrente, los problemas de los españoles se quedan en el fondo de un cajón. Pero oye, que no falte el tuit diario, la soflama en la televisión de periodistas corruptos y el ratito de odio matutino.
España no se rompe, señores, se dobla de la risa (por no llorar), ante tanta jeta de cemento armado.
Lo más loco es que en las próximas elecciones es muy capaz de arrasar.