Hacía años que no se veía a los jugadores del RC Deportivo hacer un ridículo de tal magnitud en su propio templo. Hoy, en Riazor, tanto los jugadores como el entrenador parecieron dejarse el manual de como se juega al fútbol en el vestuario, lo que he visto sobre el verde no fue fútbol, fue un despropósito absoluto.
Como suele ocurrir en estas crisis, la soga se romperá por el lado más delgado: el banquillo. Sin embargo, en este desaguisado hay un responsable máximo que suele escapar del foco mediático: Juan Carlos Escotet.
Escotet ejerce de presidente del RC Deportivo más de cara a la galería que a la realidad del Club. Es un presidente que no preside. Su error estructural es claro:
- Ha puesto al frente de la entidad a perfiles con talento académico, pero que de fútbol solo saben que el balón es redondo.
- Cuando la inexperiencia deportiva se mezcla con el gusto por el «ruido» del mercado de fichajes y los nombres rimbombantes, el resultado es el caos que estamos viviendo.
La grada ya no calla
Hoy, el público de Riazor dictó sentencia con una sonora pitada dirigida al césped y al banquillo. Pero que nadie se engañe: si no se pone remedio inmediato, mañana los abucheos cruzarán el palco.
El deportivismo empieza a cansarse de una gestión que parece de cartón piedra: muy brillante por fuera, pero vacía de contenido futbolístico por dentro. El presidente tiene que espabilar y cortar de raiz los despropósitos de quienes manejan el Club, de no hacerlo inmediatamente, otro año más, las mieles del ascenso seran hiel en la ilusión de los deportivistas.