El último EGM confirma la fuga de oyentes de la Radio Galega hacia otras emisoras, como por ejemplo, Radiovoz, para informarse sobre la actualidad de Galicia.
Los últimos datos del Estudio General de Medios (EGM) han encendido las alarmas sobre la salud de los medios públicos gallegos. Lejos de ser el referente informativo de la ciudadanía, la Radio Galega y la TVG parecen haber entrado en una fase de «caída libre» que refleja, según diversos sectores, una desconexión total con las necesidades y los intereses de los gallegos.
La gestión informativa actual está bajo el foco de la crítica por lo que muchos consideran una «voluntad dineraria» por encima de la ética profesional. Mientras los informativos de la TVG intenta sostenerse, el resto de la programación se diluye. Este dogmatismo a la hora de informar no solo erosiona la credibilidad del medio, sino que tiene un coste directo para el bolsillo del contribuyente gallego.
Los recursos que deberían destinarse a paliar la falta de pediatras o especialistas en los Puntos de Atención Continuada (PAC) se diluyen en una maquinaria de propaganda que recuerda a regímenes totalitarios, privando a Galicia de unos medios limpios y transparentes.
Uno de los síntomas más evidentes de esta decadencia se encuentra en la sección de deportes. Resulta inevitable recordar etapas anteriores, donde Jesús Lodeiro, jefe de deportes, supo potenciar a figuras como Alfonso Pardo logrando competir con los gigantes de la radio española, concitando la atención de más de 80.000 gallegos diarios que preferían la sintonía autonómica del periodista de Santa Mariña (Antas de Ulla), a otras emisoras nacionales.
Hoy, bajo una dirección que carece de ese empuje, el peso de los deportes en la radio pública se ha ido diluyendo «como un azucarillo en el café», a pesar de contar con grandes profesionales mal dirigidos, como sucede con los deportes de la TVG, se ha perdido el aroma fresco de la información deportiva gallega. La pérdida de liderazgo es el reflejo de una gestión que prioriza la publicidad política frente al talento y la garra informativa que una vez definieron a esta casa.
Galicia merece unos medios de comunicación que actúen como contrapeso y reflejo de su sociedad, no como un altavoz gubernamental. Mientras miles de euros se queman en mantener una estructura mediática al servicio del poder, la realidad de la calle, con una sanidad en precario, exige una gestión responsable de los fondos públicos. La radio pública debe elegir: o recupera la profesionalidad perdida, o seguirá siendo un costoso altavoz que los gallegos, cada vez más, deciden apagar.