Cazaminas españoles para Ormuz. Entre capacidad y política

Jesús Antonio Rodríguez Morilla

INTRODUCCIÓN A LA REALIDAD Y MENSAJES.

Hace unos días me llamó la atención una noticia publicada en un medio español sobre las capacidades de nuestros cazaminas y su posible papel en el Estrecho de Ormuz. 

Su lectura dejaba entrever más que una simple información, una curiosidad. Pareciera, una forma de poner en valor este tipo de buques en un momento muy concreto.

No es casual. España ha invertido recientemente 436 millones de euros en los cazaminas clase Segura, y ese tipo de inversiones necesita explicarse —y justificarse— ante la opinión pública.

El mensaje que se pretendía transmitir era claro: estos barcos no son un lujo, sino una herramienta clave para evitar problemas mayores, como una subida del precio del petróleo si se bloquea el paso por Ormuz.

Dicho de forma sencilla: tenemos tecnología, estamos preparados y podemos ser útiles”. Una forma de enseñar músculo sin necesidad de mover ficha.

Además, dentro de la OTAN, España tiene un reconocimiento sólido en este tipo de operaciones. No hablamos de una capacidad menor, sino de una especialidad donde realmente destacamos.

Ahora bien, una cosa es la capacidad y otra muy distinta la decisión de usarla.

Mientras algunos aliados han apostado por una presencia más activa en la zona, España ha optado por la prudencia. Hoy en día, no hay intención de enviar más unidades de forma específica al Estrecho de Ormuz, más allá de los compromisos ya existentes dentro de la OTAN.

¿Por qué? La respuesta no es militar, sino política.

Y aquí entra un factor clave: el calendario electoral.

EL DILEMA DE ELECCIONES ANTE RIESGO ABSTENCI0NISTA.

Ante las próximas elecciones en Andalucía y posteriores Generales, dentro de un clima político tenso y verbalmente casi violento, cualquier decisión que pueda interpretarse como una implicación militar —aunque sea limitada o técnica— se convierte en un riesgo. La imagen de barcos desplegados en una zona de conflicto no siempre se traduce en seguridad para el votante, sino en preocupación.

En este sentido, el Gobierno camina sobre  líneas muy endebles:

  • Por un lado, transmite descolocación e incapacidad política.
  • Por otro, una parte de la Oposición no llama la atención.
  • Tampoco gustan sus luchas internas al Electorado y además una Izquierda perdida, parecen desangrarse en disputas.

EL FACTOR VOTANTE: BOLSILLO VS. INTERVENCIÓN.

Una paradoja interesante.

El mismo ciudadano que puede verse afectado por una subida del precio del combustible —si el Estrecho de Ormuz se bloquea— también puede rechazar una intervención militar que, en teoría, ayudaría a evitar esa subida.

Es decir, el votante dispone de tres planos para  reaccionar:

  • Económico: preocupación por el coste de la vida. (IPC 3.2%),
  • Emocional/político: rechazo a conflictos exteriores.
  • Abstención ante desconfianza política.

Y, en la práctica, suele pesar más lo tercero si la desconfianza es percibida.

Por ello, para cualquier Gobierno resulta más rentable políticamente atribuir una crisis energética a factores externos que asumir el coste de una decisión política o militar, aunque esta sea técnicamente lógica.

¿NOS ESPERA UNA OTAN DIFERENTE?

Cada vez es más evidente que Estados Unidos desea que Europa asuma más responsabilidades, sobre todo dinerarias en su propia defensa, siempre que se adquiera    armamento producido en EE, UU, Esto podría derivar en una Alianza más flexible, donde no todos los países participen en todas las operaciones. Una especie de “OTAN a la carta”.

En ese escenario, España tiene margen para decidir hasta dónde implicarse, y ese margen se ve claramente influido por su situación política interna.

CONCLUSION

También, tiene medios, preparación y reconocimiento para actuar en un escenario como el del Estrecho de Ormuz. Eso no está en duda.

Pero la clave no está solo en lo que puede hacer, sino en lo que le conviene hacer.

Y en un contexto electoral, esa decisión no se mide solo en términos estratégicos o militares, sino también —y, sobre todo— en términos de coste político.

Porque al final, en democracia, incluso las decisiones de defensa pasan por las urnas.

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