El eco sordo de las bombas en Gaza: La derecha y ultraderecha española se ha puesto de perfil

La muerte de ocho civiles en los últimos bombardeos israelíes vuelve a evidenciar la alarmante distancia entre el sufrimiento humano sobre el terreno y el cálculo estratégico de los partidos políticos españoles.

Amanecer con la cifra de «ocho muertos más» en la Franja de Gaza se ha convertido en una rutina tan macabra como intolerable. El último ataque ejecutado esta madrugada por las fuerzas israelíes contra edificios residenciales y el campo de refugiados de Al-Shati, es solo un eslabón más en una cadena interminable de destrucción. Sin embargo, detrás de las frias noticias de los medios de comunicación se esconde una realidad humana desgarradora, familias truncadas, un recuento incesante de menores atrapados en los escombros y una profunda crisis de humanidad que desafía toda lógica histórica.

Para cualquier observador, resulta doloroso y paradójico analizar el comportamiento del actual Ejecutivo de Benjamín Netanyahu. Es inevitable plantearse cómo el Estado que nació del trauma del Holocausto, el mayor intento de exterminio sistemático de la historia moderna, donde millones de judíos sufrieron la crueldad del fascismo alemán, aplica hoy una violencia de tal magnitud sobre la población gazatí.

Israel bombardea Gaza de madrugada y deja al menos ocho víctimas mortales

Aunque el relato oficial de Israel insiste en que sus operaciones se dirigen exclusivamente contra la estructura terrorista de Hamás, la desproporción de la respuesta militar y el castigo colectivo sobre los civiles debilitan ese argumento día a día. Organizaciones de derechos humanos y la propia Sudáfrica ante el Tribunal Internacional de Justicia (TIJ) ya no dudan en calificar de intencional la devastación del pueblo palestino, abriendo un debate moral que estremece la conciencia global.

Mientras el drama humanitario se recrudece sobre el terreno, la respuesta política internacional, y de forma muy marcada la española, evidencia cómo la ideología de bloque suele anteponerse a la defensa de la vida. El conflicto de Oriente Medio ha dejado de ser una causa estrictamente exterior para convertirse en un arma de polarización interna en el Congreso de los Diputados. Desde el «si a la guerra» de Cayetana Álvarez de Toledo a la fotografia de Santiago Abascar dándole la mano a Benjamín Netanyahu, el camino entre ellos es tan corto que estremece.

Por un lado, el ala izquierda del arco parlamentario ha optado por una línea de confrontación directa con Tel Aviv, impulsando medidas como el reconocimiento del Estado de Palestina. Por otro, los sectores de la derecha y la ultraderecha española muestran una postura que muchos califican de tibia o insensible. Su discurso se ha centrado en el derecho a la legítima defensa de Israel y en señalar a Irán como el gran desestabilizador de la región, una estrategia geopolítica que evita confrontar la crudeza de los bombardeos sobre la población civil y el bloqueo humanitario.

La desconexión entre el sufrimiento de los menores en el terreno y las declaraciones calculadas en los pasillos del poder político español genera una profunda sensación de impunidad y desamparo.»

Los menores de edad son los grandes damnificados de este conflicto, sufriendo no solo la pérdida de vidas, sino el trauma psicológico de una violencia constante. Ante esto, la frialdad o el silencio de la derecha y ultraderecha para no incomodar a sus aliados estratégicos resulta, cuando menos, alarmante.

La política no puede ser un juego de puras alianzas de conveniencia cuando lo que está en juego es la supervivencia de miles de inocentes. La memoria histórica no debería servir para justificar el presente, sino para evitar que se repitan los errores del pasado. Mientras los despachos políticos sigan midiendo las declaraciones en función de los intereses que representan, el eco sordo de las bombas seguirá resonando en Gaza ante los ojos de un mundo que parece haber olvidado sus lecciones más dolorosas.

Fotografía. Amnistía Internacional

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