Sabido es que la décimo novena Ley de Newton enuncia que «un deportivista no tiene derecho a tener más de los 10 minutos de cortesía en paz y tranquilidad mental, espiritual y física».
Cuando a más de uno, por no decir a muchos e incluyendo a Servidora aún unos dura la resaca de un ascenso no por inesperado, menos celebrado.
Pues cuando aún tenemos la ilusión virgen con la vuelta a Primera División después de ocho atroces años, se nos descuelga la directiva con una brutal subida de abonos que destroza las más potentes capacidades de asombro de cualquier ciudadano de a pie.
Lógico es que exista una subida de precios cuando uno sube de categoría, pero lo que no podemos hacer es un claro decidido y más que evidente ejercicio de Marketing Coruñés («echad la reja, que viene gente, no vaya a ser que les vendamos algo y la jodamos…») colocando los precios de los abonos en la parte superior de la troposfera.
Porque claro y evidente es que esta subida no sólo persigue un afán recaudatorio, si no también la de eliminar las listas de espera kilométricas en el Club para hacerse socio, subiendo los precios y facilitando la maniobra a aquellos que en lista de espera están más que dispuestos a pagar precios absolutamente prohibitivos por un abono, por moda, por convertir al fútbol en algo elitista o por lo que sea.
Y la más amarga guinda del pastel es la medida más que discriminatoria que quieren efectuar contra los socios y abonados de Marathon inferior.
Obligar a la gente a pasar por la OAD a identificarse y demás procedimientos es una clara forma de intentar un control que a quien esto escribe le produce muy serias dudas no de su legalidad, pero sí de su legitimidad.
Esto apesta claramente a intentar vaciar una grada para poner una grada de animación, al estilo de la insulsa, insípida y atroz grada de animación del Bernabéu.
Siempre se ha dicho que el fútbol es uno de los deportes más reaccionarios que existe , pues sabido es que la refracción a los cambios ha sido siempre una de las características del ADN futbolístico, a pesar de que en los últimos veinte años el fútbol ha evolucionado más que en los cien anteriores.
Pero quere hacer perder la esencia y los valores en una afición como la nuestra en pos de algo elitista, artificial e insulso, es una falta de respeto hacia quien te da de comer y de un calibre más que regular.
Y para colmo, el intento de reverdecer los laureles de un Teresa Herrera el mismo día que uno de esos acontecimientos que no suelen ocurrir en décadas como es el ya más que anunciado eclipse de sol del próximo 12 de agosto, y casi a la misma hora.
Eso es puntería y lo demás son historias.
Y no deja de ser hasta una metáfora meter en la ecuación un eclipse, en lo que puede ser también el eclipse de nuestra afición y de nuestro afecto hacia el Club.
Quien esto escribe cuando caímos en el pozo tuvo más que serias dudas de que la llama de la afición seguiría iluminando por muy débil o insignificante que fuese.
Me equivoqué y nada más me alegra de ello.
Pero estas cosas le hacen perder no solo a uno la calma sino la fe en lo que para muchos es algo con lo que…
En fin, esperemos que esté más que desastroso comienzo no sea el preludio de algo tan tremendo como lo que le ha pasado el Real Oviedo este año.
AMÉN.
De eclipses y abonos
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