Es el mesecito tradicional para decir ternuritas estupiditas. Se imposta la vocecita, se ribetea con carcajaditas y se pone todo en diminutivito para darle más y aparente cariñito a todo lo expresadito. Por ejemplito, cuando preguntan microfonito en manita que va a comer, se responde con sonrisita bobita: un gazpachito.
Cuando se pone el calorcito en escena, se comenta entre risitas que el aguita, en el vasito y en la playita, esta muy fresquita mientras se secan el sudorcito de la frente con la palma de la manita. Al tiempo hablan de las ensaladitas, heladitos, los politos y los pollitos que se zampan entre más tontunitas que petenden camuflar el calorcito diciendo que anoche se echaron una sabanita porque para echar un polvito no estaba la nochecita.
Y así estamos todo el mes de agostito: que si un chupito, una cañita, una cervecita… Un ¡Birra España…! Vivan los bomberitos y los que no los mantienen con respetito y recursitos. Un mesecito ideal para fingir con esa sencillita herramienta del diminutuvismo bobito. Y, sin embarguito, hay alguien que se libra de esto: el bonito. Un túnido que ni toca la panderetita ni canta ‘clavelitos’ ni lleva una capa con cintitas de colorines.
En definitivita, vamos a lo que vamos: el veranito, aunque sea sobre las brasitas del mamoneito, y el cinismo natural que nos tiene en ese escenario de la risita forzada y los topicazitos que en este mes de agostito nos tienen cautivaditos posando para el resto.
Estamos tan agostito como aquel que ni cantaba ni ná… Pero esto es el mes de la parada, del descanso, en el hornito para interpretar como algo afortunadito eso que es insufrible del todito. Y te invitan a un cumpleañitos, no comas tartita. Los soplidos a las velitas suelen dejarlo todo lleno de perdigones babositos.
Y cuidado con todo lo apÁTICO. Cada cosita en su sitio.
Pues eso…