Éramos cinco y todos mayores e informados «lo normal», por lo que fue imposible evitar que Ceuta se colara en medio de asuntos menores. Ocurrió cuando alguien preguntó si habíamos escuchado en los medios algún recuerdo de lo que ocurrió el 6 de febrero de 2014 en la misma playa del Tarajal. Solo uno respondió que sí, por lo que toca regresar, pero antes…
…antes debo reconocer que es ahora, diez días después de la “invasión”, cuando me viene la siguiente pregunta: ¿Cómo es posible que de una movilización de 70.000 tan cerca de Ceuta no hubieran llegado avisos a ningún medio de comunicación español, esos que tantas veces consiguen filtraciones?
No me cabe la menor duda de que habrían publicado la exclusiva a bombo y platillo…, o quizás no. De hecho, no he leído a nadie entonando el “mea culpa” por no haberse enterado de lo que se estaba preparando desde Marruecos contra España, aunque dediquen toneladas de tinta y tiempo a especular sobre quién filtró qué entre Interior y Defensa.
Volviendo al febrero aquel, tan frío, de los 200 inmigrantes que intentaron llegar a Ceuta, 90 lo hicieron nadando. Según el Centro Español de Ayuda al Refugiado (CEAR), “mientras estas personas se encontraban en el agua, agentes de la Guardia Civil intentaron evitar que alcanzaran tierra firme mediante el uso excesivo de la fuerza y de material antidisturbios, como pelotas de goma, salvas detonadoras, y botes de humo, como reconocieron posteriormente las autoridades españolas que testificaron sobre el caso Tarajal”.
Murieron 14 personas, es decir, más del 15% de las que nadaban y ningún tribunal español condenó a quien dio la orden de iniciar aquel tiroteo.
En 2014 no gobernaba Pedro Sánchez y me ha parecido tan interesante esta información de CEAR que, por si un día desapareciera Internet para no volver, he decidido imprimirla en papel y, además, en letra grande, por si llega otro día en el que me cueste leer la pequeña, aunque no sea la de la hipoteca.
Igual que no fue M. Rajoy quien dio la orden directa de disparar a indefensos en febrero de 2014, sí Pedro Sánchez hubiera enviado fuerzas armadas de cualquier clase a Ceuta, al ver la multitud avanzando por mar y tierra, quien estuviera al mando en ese momento habría ordenado disparar, para no ser menos, y los muertos habrían sido muchos más.
Para hacernos una idea de los resultados de dos maneras distintas de gobernar las crisis migratorias, si esta vez terminan siendo 200 los muertos, el doble de los que se dicen y 70.000 el total de inmigrantes que han estado en Ceuta entre 48 y 72 horas, el porcentaje de fallecidos habría sido inferior al 0,3%, es decir, 50 veces menos de los que se produjeron en 2014, con M. Rajoy en La Moncloa. Y esta vez sin disparos desde España.
Convertir muertos en porcentajes es despreciable, pero también inevitable, porque los números no se inventaron (solo) con malas intenciones, pero como soy de los que piensan que la vida de cualquier persona vale lo mismo que la de Feijóo, Abascal o Sánchez, por poner tres ejemplos, llego a la conclusión de que las decisiones que los dos primeros reclaman demuestran que el tercero siente mucho más respeto por las vidas de los demás, sean quienes sean, y lo digo porque no me cabe en la cabeza que no tuviera información de lo que podía ocurrir en Ceuta y que si no envió fuerzas armadas fue para evitar que mataran, porque la estrategia de disuasión basada en la “prudencia” a la que se refiere Rafael Fraguas en su último artículo ha estado guiada por principios que terminarán triunfando o, como mínimo, convirtiéndose en ejemplo para avergonzar a tantos, tal como ha ocurrido con su oposición a las repetidas exigencias de Trump.
¿Alguien se cree que a Trump le importará ni medio bledo lo que piensen sus admiradores Feijóo, Abascal y Ayuso si un día llega a un acuerdo con Mohamed VI para conseguir pingües beneficios de una campaña de apoyo a “Ceuta y Melilla marroquíes”? Todos sabemos que, ni protegidos con el mejor chaleco antibalas, acudirán cualquiera de esos tres en persona a defender unas fronteras tan “españolas”.
Y si Sánchez se hubiera equivocado, este agosto de 2026 no habríamos visto a los ceutíes sacando de su ciudad, casi “a hostias”, a los fascistas Vito Quiles y similares que, como en Torre-Pacheco, intentaban pescar en río revuelto.